viernes, 20 de mayo de 2016

El momento en que todo cambió para Junior Guerra

No era difícil entender la sorpresa de la gente. 

En apenas una de sus seis temporadas en la pelota local para ese entonces, Junior Guerra había podido registrar una efectividad por debajo de los cinco puntos. Cuatro años habían transcurrido desde aquella excepción.

¿Por qué entonces? ¿por qué Buddy Bailey le entregó la pelota a un lanzador ajeno al éxito en la liga para iniciar el juego inaugural de los Tiburones ese 9 de octubre de 2014?

El juego era ante la siempre temida ofensiva de Caribes y en el llamado "Coors Field" venezolano, el Alfonso "Chico" Carrasquel de Puerto La Cruz.

¿Por qué no uno de los tres importados que el equipo había traído para abrir juegos? ¿por qué no J.C. Sulbarán? ¿Buddy Baumann? ¿Jake Thompson?

"Buddy Bailey siendo Buddy Bailey", decían algunos. 

Quizás haya sido así. Quizás Bailey pronosticó lo que nadie más pudo.

Cinco innings y un tercio de dos hits y ninguna carrera limpia, con un boleto y cinco ponches. Esa fue la línea final de Guerra esa noche oriental.

Esa noche donde todo cambió para él.

"Es la oportunidad que estaba esperando", comentó el derecho vía telefónica esta semana.

Guerra terminó esa temporada con seis victorias (nunca antes había conseguido más de una por campaña) en 15 aperturas (nunca había abierto más de cuatro encuentros en una misma zafra) y con una efectividad de 3.46. Curiosamente, la misma que había registrado en esa campaña de "excepción" cuatro años atrás.

El derecho de San Félix ponchó a 82 contrarios en sus 78 innings de la 2014-2015. Nunca antes había recetado a más de 25 en un mismo año.

Terminó tercero en la votación al Pitcher del Año.

Una nueva oportunidad. Era todo lo que pedía.

"Mi carrera se ha caracterizado por oportunidades", recordó Guerra, quien había lanzado en la liga italiana unos meses atrás. "Nunca he sido una superestrella".

El junio siguiente, los White Sox le dieron la oportunidad más grande de todas, la que más había esperado, la que parecía tan lejana cuando firmó inicialmente como recepor, o cuando fue suspendido por violar el programa antidopaje de MLB, o cuando lanzaba serpentinas en Nicaragua. Después de tanto tiempo, a sus 30 años de edad, a Guerra finalmente le abrieron las puertas de las Grandes Ligas.

Junior apareció en tres encuentros con los patiblancos ese año, todos en papel de relevista, y dejó una efectividad de 6.75 en cuatro entradas sobre el morrito.

El 7 de octubre, mismo día en que realizó su segunda apertura en día inaugural con los Tiburones, fue reclamado en waivers por los Brewers.

Guerra respondió una vez más a la confianza de Bailey. En 12 presentaciones en la 2015-2016, 10 de ellas como abridor, el veterano registró efectividad de 2.86 en 56 entradas y dos tercios de labor. Ganó cuatro juegos.

El criollo tuvo que detener su participación con los escualos antes de que iniciara la postemporada y la noticia fue recibida como un dardo al pecho del conjunto y su fanaticada. 

¿Quién lo diría? La ausencia de Junior Guerra estaba marcando una gran diferencia para La Guaira.

Algunas semanas después, el diestro arribó en el campamento grande de Milwaukee, pero su efectividad de 7.94 en cuatro presentaciones no ayudó a su causa y fue enviado al Triple A Colorado Springs, donde inició la presente temporada.

Cuatro aperturas más tarde, una nueva oportunidad llegó.

Los Brewers decidieron subirlo al equipo grande y le entregaron la pelota para iniciar el juego del 3 de mayo ante los Angels. Ya Guerra no era solo un lanzador grandeliga, ahora era un abridor grandelgia.

Guerra lanzando en el Great American Ball Park ante los Rojos en su segunda apertura / Getty Images
Sus primeras dos salidas fueron casi idénticas. Seis entradas de cuatro carreras permitidas. Nada extraordinario, pero nada horrible tampoco.

A la tercera Guerra volvió a completar seis capítulos, pero esta vez sin carreras permitidas y con apenas dos hits a su nombre.

En la cuarta, el derecho captó la atención de todo el mundo beisbolístico. Con su hija y esposa presentes en el Miller Park, observándolo lanzar en un montículo de Grandes Ligas por primera vez, Junior trabajó siete episodios completos de cinco hits y tres carreras. Su línea final marcó 11 ponches.

Su rival, por cierto, eran los Chicago Cubs, el equpo con mejor registro en todo el beisbol.

"He demostrado que sí puedo lanzar a este nivel. Solo necesito la oportunidad y justo esa ha sido mi lucha siempre, por alguien que me brinde esa oportunidad", aseguró.

Como aquella que recibió en Puerto La Cruz, cuando nadie creía en él, cuando nadie entendía su presencia en la lomita.

"Esa oportunidad significó un giro en mi carrera", explicó Guerra. "Tengo que darle las gracias a los Tiburones por ese chance".

Oportunidad. Eso fue esa noche oriental para Guerra.

Una oportunidad que, una vez más, cambió el rumbo de una travesía beisbolera que finalmente parece haber llegado al destino soñado.

jueves, 12 de mayo de 2016

"Thor" y "Big Sexy" ratifican que la Liga Nacional está bien como está

Si los Azulejos de Toronto no hubiesen cambiado a Noah Syndergaard a los Mets de Nueva York en diciembre de 2012, uno de los grandes momentos de la presente campaña jamás habría ocurrido.

Si Bartolo Colón siguiera en Oakland, serían dos los acontecimientos evaporados.

Y si la Liga Nacional adoptara la regla del bateador designado, tal como muchos han propuesto y continúan proponiendo, el mundo del beisbol tendría que privarse de momentos únicos para siempre.

El pasado sábado 7 de mayo, Colón ganó su tercer juego de la presente campaña gracias a su cuarta apertura de calidad en el año y segunda de forma consecutiva; sin embargo, al final de dicho duelo ante los Padres de San Diego, absolutamente nadie estaba hablando de su trabajo en la loma. El quisqueyano lanzó 62 de sus 86 pitcheos en strike y dejó su efectividad en 2.82 tras dicha salida, pero nadie hablaba de eso, no era lo más llamativo.

En el segundo inning, Colón hizo uno de sus muy característicos y poco ortodoxos swings ante el tercer pitcheo que vio por parte de James Shields. La bola viajó lejos, mucho más de lo que cualquiera de los presentes pudo imaginar. Por primera vez en la carrera de Bartolo, el final del recorrido para una de sus conexiones no fue un guante, tampoco la tierra o grama. La bola terminó en los bleachers del Petco Park, entre varios aficionados.

Fue un jonrón. El jonrón.

El año pasado Colón tuvo cuatro empujadas, su tope en una campaña / AP
 La conexión de largometraje del robusto Colón fue la primera en su carrera en las Grandes Ligas y lo convirtió en el jugador de mayor edad (42 años y 349 días en ese momento) en la historia en conectar su primer bambinazo.

A raíz del cuadrangular hubo una explosión en las redes sociales. Comentarios, fotos, videos, memes. Bartolo Colón estaba por todo el internet, y con él, el beisbol, que cuando menos por algunas horas, regresó al pedestal que muchos dicen ha perdido.

Entonces, cuatro días después, cuando la imagen de Colón corriendo las bases todavía era común en los diversos timelines de Twitter, Syndergaard le dio otro zarpazo a la propuesta que le quita el bate de las manos a los lanzadores del viejo circuito.

El rubio de los neoyorquinos se fue dos veces para la calle en el Dodger Stadium y se convirtió en el primer serpentinero con más de un cuandragular en un mismo encuentro en nueve años. Ese día Syndergaard lanzó ocho innings de dos carreras y terminó con cuatro fletadas a su nombre.

Noah Syndergaard 4 - Dodgers 3.

No es tan descabellado decirlo.

Una vez más, el tema en las redes sociales eran los batazos de los lanzadores de los Mets. Porque nadie se había olvidado aún de Bartolo, ni siquiera el mismo Syndergaard.

"Esta noche fue el resultado directo de Bartolo inspirándome a ser un hombre mejor #SuTroteFueMejor"

Había sarcasmo en el escrito de Syndergaard, aunque nadie puede asegurar que tampoco exista algo de verdad. En fin, lo importante es que el beisbol volvió a ser importante, cuando menos en el internet.

En los últimos siete juegos de los metropolitanos tras ese desafío multijonrón de Noah, los lanzadores del equipo registraron un promedio de .333 (15-6) con dos dobles, tres vuelacercas, cuatro anotadas y otras siete remolcadas. 

Nada mal para unos bates de periódico mojado, que fue como Max Scherzer calificó el año pasado a los lanzadores bateando.

Los Mets ratificaron lo que Madison Bumgarner ha intentado demostrar por un buen tiempo: la Liga Nacional está bien como está, sin bateador designado.

Sí, entrar en el cajón de bateo aumenta el riesgo de que los pitchers puedan lesionarse, pero lo curioso es que usualmente ese argumento viene de la misma gente que asegura que están dañando el beisbol, haciéndolo más "suave", con las reglas de las colisiones en el plato y del deslizamiento en segunda. Desde mi punto de vista, esto sería más leña para esa fogata.

Los pitchers no son el out que regala la liga, cuando menos no siempre. El mejor lanzador del beisbol, Clayton Kershaw, bien puede dar fe de ello; después de todo, dos veces ha sido víctima de jonrones de Bumgarner, quien, por cierto, se convirtió en abril en el único jugador con más de un cuadrangular ante el zurdo de los Dodgers desde el comienzo de la campaña pasada. No lo pudo hacer Bryce Harper ni Andrew McCutchen, tampoco Paul Goldschmidt o Nolan Arenado. Lo hizo Bumgarner, un pitcher.

Más allá de los factores tradición y estrategia, la regla del bateador designado no debe llegar a la Liga Nacional porque nos privará de momentos como los que se vivieron en Petco Park y Dodger Stadium. Porque nos privará de otra forma de disfrutar este juego.

En cuestión de días, los Mets ratificaron que el beisbol no necesita más ofensiva, sino más momentos a lo "Big Sexy" y "Thor".

lunes, 8 de febrero de 2016

Claro y simple: Bailey debe quedarse con Tiburones

El cambio fue muy grande, imposible decir lo contrario. 

De los Tiburones de La Guaira de Tony DeFrancesco en la 2013-2014, a los de Buddy Bailey en su primer año al mando en la 2014-2015 y a los de esta pasada temporada, con el mismo dirigente, pero ya en su segunda estadía frente al timón.

Los escualos de la 2015-2016 lucían como un equipo cuando menos finalista. En la cabeza de muchos, eran los grandes favoritos para disputar la instancia culminante con los Navegantes del Magallanes. El destino no lo quiso así y un séptimo juego frente a los Tigres de Aragua en la semifinal acabó con dichos pronósticos. 

Es lo duro de un juego siete, cualquier cosa puede pasar, es impredecible. Bonito, pero impredecible.

No obstante, eso no elimina la sensación que generó ese equipo de La Guaira desde temprano en la postemporada, quizás mucho antes de eso. 

Tiburones terminó primero en la etapa inicial del campeonato por varias razones: fue el equipo más balanceado, el más constante en su róster semana tras semana. Muy posiblemente no era el más talentoso o el de mayor jerarquía, pero sí el que mejor operaba con lo que tenía.

Nada de eso fue casualidad y la gerencia del equipo lo ratificó en varias ocasiones. Con la instalación de un nuevo formato en la liga, el alto mando de los salados, incluyendo a Bailey, ideó una estrategia que consistía justamente en enfocarse en cada fase; de hecho, el mandamás norteamericano llegó a llamarlas tres temporadas en una.

La primera fase o temporada, fue todo un éxito, a pesar de que posiblemente era la más complicada. Tenías que jugar tu mejor beisbol con una importación casi nueva en su totalidad, con piezas de poco renombre en general. Pero allí estuvo una de las claves, en la mejoría en el proceso de selección de peloteros foráneos, donde la directiva litoralense hizo enfásis durante aquella temporada muerta y donde Bailey finalmente pudo meter la mano.

La estrategia en la segunda mitad tenía como base la incorporación de varios de los principales grandeligas del equipo, pero luego de culminar primeros en la mitad inicial y garantizar desde temprano su presencia en enero, la gerencia escuala pudo alterar ligeramente su plan sobre la marcha: la idea seguía siendo incorporar a los ligamayoristas en algún punto, pero con el equipo ya en los playoffs, demorar un poco más sus incorporaciones, todo con la finalidad de que sus divisas en las Grandes Ligas vieran con mejores ojos la opción de dejarlos participar en la postemporada, pues tendrían menos juegos disputados y/o innings lanzados para ese entonces.

Bailey le dio descanso a sus principales miembros de la rotación, Junior Guerra y Alexis Candelario, por lapsos en la segunda parte, llegando incluso a sacarlos del róster a ambos una semana y enviarlos al bullpen posteriormente para reducir el trabajo de sus brazos.

El desempeño de La Guaira después del 15 de noviembre mermó, pero aunque su estratega fue claro en decir que la meta era terminar lo mejor parados posibles en la tabla general, para lo que necesitarían finalizar bien posicionados también en la fase complementaria, todo estaba en el plan, no había motivos para encender alarmas.

Luis Sardiñas, Odubel Herrera y Carlos Sánchez fueron incorporándose poco a poco con la llegada de diciembre y la estrategia de los salados cada vez lucía más lógica, el equipo cada vez se veía más completo.

Bailey dijo tras la eliminación del equipo que desconocía si volvería para una tercera zafra al mando / AVS Photo Report
Pero entonces llegó la tercera etapa, la de enero, la más importante, la que no te permite errores. Allí fue donde el río se salió de su cauce.

De forma sorpresiva, Guerra anunció que no iba a poder lanzar en los playoffs y poco después llegó la baja de Sánchez, quien también detuvo su participación antes de que iniciara la serie ante Caribes de Anzoátegui, la primera del conjunto en enero.

Sin embargo, por el momento y la forma en que ocurrió (tras una derrota ante los Tigres en el segundo de la semifinal, cuando la serie se movía a Maracay), es posible que ninguna de las bajas previas haya tenido tanto impacto como la de Herrera.

A estas alturas sigue y seguirá siendo una interrogante qué hubiese pasado con los Tiburones de no sufrir dichas bajas o cuando menos la última, pero el punto de este recordatorio es que la estrategia que tanto había ideado el alto mando del conjunto se descarriló en la recta final y Bailey no tuvo nada que ver.

Pero el norteamericano sí tuvo que ver en la estrategia que armó el equipo, sí tuvo que ver en la inmensa mejoría en la selección de importados, sí tuvo que ver en el balance de una tropa que ilusionó con poner punto final a una sequía de títulos que ya alcanzó los 30 años.

El nombre de Oswaldo Guillén, por su historia con la novena, por su peculiar forma de ser, por una carpeta de credenciales que tiene como chapa dorada un trofeo de Serie Mundial, se presenta como muy atractivo para dirigir a los Tiburones. Es casi imposible que un aficionado guairista no escuche con una sorisa en la cara los rumores que vinculan actualmente a Ozzie con el timón litoralense. 

Si esa es la dirección que decide tomar La Guaira para la 2016-2017, va a ser difícil criticarla.

Muchos peloteros han expresado su malestar en ser dirigidos por Bailey, esa es una carpeta de denuncias que data desde sus años con los Tigres, quizás desde mucho más atrás. Varios de esos peloteros citan la falta de comunicación del nativo de Pennsylvania como una de las razones para no quererlo.

No soy quién para poner en duda esa acusación, pero como un dato relacionado, me resulta curioso que un mánager con supuestos problemas de comunicación sea de los favoritos de la prensa justamente por su disponibilidad y fluidez a la hora de hablar.

Ramón Hernández, actual coach de banca del equipo, ha sonado como otra de las posibles opciones que puedan manejar en la directiva salada para el puesto de mánager en caso de no repetir a Bailey. El exreceptor no cuenta con la experiencia en dicho rol que sí posee Guillén, pero tomando en cuenta que estuvo día tras día junto a Bailey en cada compromiso de la 2015-2016, de cierta forma quizás hasta tenga más sentido su nombramiento si el deseo de la gerencia es, de una u otra manera, mantener la dirección actual.

"Quiero ayudar a los Tiburones así no vuelva" fue una de las últimas frases que salió de la boca de Bailey antes de abandonar la sala de prensa de la novena tras aquel séptimo juego en el Universitario. De su puño y letra, el todavía timonel del equipo para ese momento tenía pensado dejar una especie de carta con sus evaluaciones y recomendaciones sobre la escuadra y sus jugadores.

Así que sí, sería difícil criticar la elección de Guillén como nuevo mandamás de los Tiburones, pero que quede claro que tampoco resultaría imposible. No cuando la mejoría de un año a otro ha sido tan notable bajo el mando de Bailey.

"Quiero ayudar a Tiburones porque ellos confiaron en mí por un par de años". Esa frase de Bailey complementó la pasada y al mismo tiempo, dejó en evidencia su compromiso y cariño por el equipo.

Un compromiso y cariño que quizás sea mucho mayor que el de varios de sus jugadores, de esos que son más culpables que él de la eliminación de Tiburones.

jueves, 14 de enero de 2016

La Guaira está en riesgo y Odubel también

El calor de la postemporada puede hacer que muchas cosas ajenas, y no tan ajenas, a la misma pasen por debajo de la mesa. Qué el caso de Odubel Herrera no sea una de ellas.

Sí, la decisión del jardinero pone en cierto nivel de peligro la gran temporada que han tenido los Tiburones de La Guaira. Desde su llegada el pasado mes de diciembre, Herrera se estableció como el jardinero central y tercer bate en el orden de Buddy Bailey día tras día. Es imposible que la ausencia repentina de una pieza así no tenga un impacto en la cotidianidad de un equipo. Entonces, echas un ojo a la lista de posibles jugadores, ni siquiera exclusivamente de su posición, disponibles para reforzar y te das cuenta que es corta, para lo que representa una semifinal, quizás inexistente. Sí, la temporada de La Guaira está en peligro, nadie lo pone en duda.

Pero es allí cuando es importante profundizar en el asunto o cuando menos intentar hacerlo. Nunca estuve ni cerca de jugar beisbol profesional, así que no puedo ofrecer una óptica por ese lado. No estudié psicología, así que por allí tampoco van los tiros. Pero sí estuve día tras día en cada entrenamiento de los Tiburones en el parque Universitario esta temporada. Odubel llegó tarde cuando menos a dos. Quizás la cifra no es alarmante, pero sí es importante destacarla cuando entras en razón de que el tiempo de juego de Herrera no fue tan prolongado como el de la gran mayoría, la que estuvo allí sin falta a la hora requerida. Entonces, en medio de una semifinal que bien podría servir de camino para romper una sequía de 30 años sin título para Tiburones, ese mismo pelotero decide marcharse, con todo su derecho de hacerlo y se debe respetar, como bien dijo el gerente deportivo Jorge Velandia. ¿El problema ahora? Días antes se realizó un draft para que los equipos reforzaran sus debilidades rumbo a la semifinal y a Herrera se le pidió avisar con tiempo si participaría o no en la instancia para planificar bien la estrategia rumbo al sorteo. Junior Guerra llamó para avisar. Odubel no.

No hay nada que discutir en cuanto a su desempeño en el terreno. Me consta que Herrera corrió cada batazo al conectarlo, que hizo todo lo posible por jugar un jardín central sólido, aun cuando no es una de sus grandes cualidades. Odubel es un pelotero con gran potencial, que nuevamente demostró que esta liga, a sus 24 años, le queda pequeña. Pero justo allí está el detalle, en su juventud. La fama llegó temprano para este muchacho, que dejó en necesidad a Tiburones, pero aún más a su carrera.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Bailey: “Tiburones es víctima del éxito de sus jugadores"

La receta del éxito no es nada fácil de encontrar, ni siquiera para alguien con el recorrido de Welby “Buddy” Bailey, quien en su segunda campaña como dirigente de Tiburones de La Guaira asegura que el proceso para obtener la gloria máxima implica mucho más que el hecho de contar con las piezas correctas.

El norteamericano, quien dirige su temporada 14 en Venezuela, consiguió seis títulos con Tigres de Aragua en lo que describe como un esfuerzo de jugadores necesitados de trascender, mucho más que el triunfo deportivo.

En su intento por saborear las mieles del éxito nuevamente, ahora con el conjunto salado, Bailey comenzó a trabajar en aspectos que muchos podrían pensar que son responsabilidad de personas más arriba en el árbol jerárquico, todo con la intención de superar un nuevo reto profesional en un país que se ha convertido en su casa.

-Ya son 14 años desde su arribo al país. ¿Siente que la liga ha cambiado mucho desde aquel entonces?

-Creo que en general, algunos de los umpires han mejorado, aun cuando considero que todavía necesitan mejorar más. Creo que muchos de los estadios son mejores en cuanto al servicio a los peloteros, pero muchos todavía necesitan ofrecer más. Los fanáticos son más disciplinados, al principio lanzaban pirotecnia al terreno, saltaban y corrían en el mismo, le tiraban cosas a los oponentes. Siento que ahora es mucho mejor en ese aspecto también. Pero el juego como tal no ha cambiado, sigue siendo beisbol, no se ha modificado la distancia del montículo al plato o de una base a otra.

-¿Qué fue lo más difícil en el proceso de adaptación a Venezuela?
-Cuando vienes para acá y te educas de la cultura latina, no solo la venezolana, ves que son muy familiares, entonces te das cuenta que los peloteros no solo se hacen cargo de ellos, sino también de su hermano, tío, primo, de su familia extendida prácticamente. Además, la cultura latina es más extrema que la norteamericana en muchos sentidos. La música es mucho más fuerte, manejan los carros a la máxima velocidad posible, en los locales nocturnos las personas mueven hasta las uñas de los pies. Es más extrema, pero es solo cuestión de cultura.

-Después de tantos años al mando de Tigres, ¿cuál fue su reacción cuando terminó esa etapa?
-El equipo estaba en tercer lugar cuando lo dejé, lo que creo no es tan terrible considerando que clasificaban cinco. Creo que se trató de una situación política más que nada, pero de verdad no quiero entrar en lo que realmente siento, porque tengo una buena idea de que se trató de políticas.

-¿Cuáles fueron las claves del éxito con Tigres?
-En los Tigres pudimos hacer los cambios correctos en el momento correcto. Adquirimos a (Ramón) Castro, (Luis)_Maza, Ronny Cedeño y Luis Rodríguez, además de que tuvimos a unos cuantos jugadores que lo dejaban todo en el terreno y que por ser jugadores de bajo presupuesto, querían alcanzar los playoffs porque ese esfuerzo significaba más dinero para ellos y sus familias.

Bailey sustituyó a Tony DeFrancesco al mando de Tiburones / AVS Photo Report
-¿Qué fue lo más difícil en su primer año con Tiburones?
-Lo más difícil fue conocer a los jugadores, conocer ciertas personalidades. Creo que es importante ser un profesional en todo momento y algunos jugadores parecen tener problemas con eso. Ves a jugadores de otros equipos con cierta frecuencia, pero cuando los ves día a día realmente descubres lo que pueden y no pueden hacer, entonces es cuestión de unir el rompecabezas de acuerdo a las capacidades de cada uno del grupo.

-Cuando Tiburones quedó eliminado en el pasado round robin, ¿consideró que había fallado en su misión?
-No, creo que es parte del proceso que debe seguir el equipo. Quizás por el lento arranque que tuvimos al principio, fue una gran satisfacción llegar a los playoffs, pero los jugadores tienen que entender que llegar hasta los playoffs no es la meta final, es solo la primera. Algunos peloteros estaban contentos con el simple hecho de llegar hasta allí, pero como mánager siempre quieres alcanzar la final.

-¿Pensó en algún momento que no volvería con el equipo para esta temporada?
-No. Cuando se terminó la temporada pasada, Antonio (Herrera, vicepresidente) y yo hablamos rápidamente y acordamos, porque hacerlo temprano nos daba más tiempo para planificar lo que íbamos a hacer con los importados, los cambios y todo lo que necesitas para triunfar.

-¿Por qué considera que Tiburones tiene tantos años sin ganar un título?
-Algo que ha lastimado a esta organización es que algunos de sus jugadores clave han llegado a las Grandes Ligas. (Grégor) Blanco, (Luis) Sardiñas que no juega todo el tiempo, (Carlos) Sánchez que sube y baja, Héctor Sánchez, Francisco Rodríguez, (Salvador) Pérez y todos esos muchachos alcanzaron su meta personal de llegar a MLB y no participan mucho aquí. Entonces siempre estás en búsqueda de llenar esos espacios. El departamento de scouteo ha hecho un gran trabajo en ver talento en ellos, pero les ha ido tan bien que no los pueden mantener aquí por siete, diez años. En este momento la organización es víctima del éxito de los jugadores que firmaron originalmente.

-Siempre se ha conocido a Buddy Bailey por su disciplina y ética de trabajo, pero muchas veces eso ha generado problemas con sus mismos peloteros. ¿Por qué considera que ocurre eso?
-Creo que la mentalidad de algunos jugadores es simplemente venir a lanzar una pelota y recibir el pago, como algo recreacional y no, estas son las Grandes Ligas de Venezuela, tienes que ser lo mejor que puedas porque te están pagando para que tengas el mejor desempeño posible y los fanáticos también están pagando para ver lo mejor de ti en todos los estadios.

-Ha tenido mucho éxito en la LVBP y en las menores. ¿Cuál ha sido el obstáculo que ha impedido su llegada a las Grandes Ligas?
-Usualmente me siento y digo la verdad. No siempre le digo que sí a las personas que toman las decisiones, a muchos les gusta eso, pero yo no soy una persona de decir sí todo el tiempo. Probablemente esa es una de las razones por la que no he podido llegar a las mayores.

-¿Qué significado tiene Venezuela para Buddy Bailey?
-Obviamente significa bastante para mí. El clima es bueno. No me gusta el frío, quizás por unos días, pero no por mucho tiempo. Me he acostumbrado a la cultura, a la comida, a la gente. Soy de Virginia y pasó allí dos o tres semanas al año por el trabajo. Aquí es donde paso más tiempo, así que me siento en casa.

Bendición sobre dolor

Ante el poco tiempo que el trabajo le permite pasar con su familia, Bailey asegura que la distancia se acorta cuando cumples tus objetivos.

“Es difícil estar lejos de la familia, pero entienden que es como tener a alguien en el ejército, van a ir y venir. Entienden el beisbol porque he estado en esto mucho tiempo. No hay muchos trabajos de ligas invernales si lo piensas bien. Son de 25 a 30 cupos que tienes para dirigir y he sido afortunado de hacerlo por 13 años seguidos, cuando otros quisieran la oportunidad. Eso me motiva mucho”.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Dúo tiburón cruzó su camino en el Atlántico

La historia que ha escrito Alexis Candelario en su corta experiencia en Venezuela era difícil de visualizar, cuando menos para el ojo común.

Como un lanzador con un repertorio poco impresionante y con una trayectoria que incluía paradas recientes en ligas de baja tradición beisbolística como las de Nicaragua e Italia, el futuro de Candelario parecía destinado a ocultarse en las profundidades del océano Atlántico. No para César Suárez, sin embargo.

El “capitán” de los Tiburones de La Guaira, quien también hizo vida en la pelota italiana durante el verano, se atrevió a buscar algo que ninguna estadística o currículum iba a reflejar.

“Cuando uno tiene años en la liga, uno sabe quién puede ayudar a un equipo y quién no”, aseguró Suárez.

El criollo, quien defendió los colores del Bologna, chocó en la pasada final de la liga italiana con un Rimini que tenía entre sus filas a Candelario y algo le dijo a Suárez que el quisqueyano era el pitcher indicado para esta liga, aunque en un principio, no necesiaramente para los Tiburones.

“Cuando Candelario pitchó en contra de nosotros, la primera persona a la que llamé fue a mi papá, que es asesor de las Águilas del Zulia”, contó Suárez. “Lo hice porque cuando uno recomienda un lanzador a las Águilas es fácil salir bien parado, porque juegan en un estadio donde es difícil batear”, añadió el toletero.

Luego de que la gerencia rapaz mostrara interés en el serpentinero y quedara en llamar a Suárez para conocer más al respecto, el “Maracucho” tuvo una segunda oportunidad de ver lanzar a Candelario y sus planes tomaron un camino distinto. “Dije: ‘este como que no solo puede lanzar bien en Maracaibo, sino también en Caracas”, señaló el veterano. “Le dije a Jorge (Velandia, gerente deportivo de Tiburones) y a Antonio (Herrera, vicepresidente) y me dijeron que prepararían el contrato, sin ni siquiera verlo, solo basado en mi recomendación”.

Candelario, quien poco tiempo después pactó con la escuadra salada, se ha convertido en el mejor lanzador de la presente temporada criolla, en la que registra balance de 3-0 y una efectividad de 0.76 en ocho presentaciones, cinco de ellas como iniciador.

“Les dije que sería uno de los mejores pitchers de la primera mitad”, aseguró Suárez sobre su conversación con la gerencia salada. “No me dejó mal”.

Con respecto al factor que convenció al zuliano de que Candelario era el indicado, se trató de mucho más que su desempeño sobre el morrito.

“La actitud fue lo clave”, expresó Suárez. “Hay buenos brazos en todos lados, pero tipos como él no. Hay quienes solo vienen a hacer dinero, pero el también vino a ayudar”.

Asimismo, Suárez aseguró que el éxito de Candelario en Italia únicamente se veía detenido cuando el criollo entraba en el cajón de bateo.

“Creo que fui el único bateador de mi equipo que le dio más de un hit por juego”, señaló Suárez entre risas. “Perdió un par de encuentros debido a hits que le conecté y en el último que nos ganó me ponchó con dos en base en la final. Fue un turno muy bueno que llegó a cuenta de 3 y 2. Si es por turnos y hits, le bateé como .400 o .500. Me fue bien”.

martes, 17 de noviembre de 2015

Una imposición que se volvió voluntad

Cuando Buddy Bailey dirigió su primera práctica al mando de los Tiburones de La Guaira el 15 de septiembre del año pasado lo primero que hizo fue caminar hacia el centro del círculo formado por sus jugadores y manifestar su deseo de que cada uno de ellos llegara temprano día tras día. Las palabras del mandamás no eran sorpresa para nadie, su currículum de estratega disciplinado tenía años de referencias, pero cómo lo asumiría un clubhouse acostumbrado a otro gobierno era el principal punto de incertidumbre para muchos.

El nuevo régimen tomó tiempo en calar y cobró varias víctimas en su intento por hacerlo. Piezas como Jon Link y CJ Retherford aseguraron que nunca más jugarían para Bailey, citando su actitud como el motivo. Edgmer Escalona llegó a demostrar públicamente su descontento con algunas decisiones tomadas por el mandamás, y a pesar de que nunca se conocieron sus nombres, Link dio fe de que varios jugadores nativos del conjunto estaban molestos con el trato del norteamericano.

En medio de una temporada de adaptación para sus jugadores, Bailey continuó imponiendo su ideología, una que se basaba en disciplina dentro y fuera del terreno. De acuerdo con personas con conocimiento de la situación, el timonel colgó letreros en el clubhouse en los que prohibía escuchar música después de cierto horario y limitó las visitas de familiares y amigos de los jugadores antes de cada compromiso. En el campo, el plan de Bailey era encontrar el puesto indicado para cada pelotero, dejando a un lado jerarquías y limitando su método evaluativo exclusivamente al desempeño.

Cuando los escualos iniciaron sus entrenamientos de pretemporada el pasado 19 de septiembre se respiraban aires de cambio, algo que ha quedado ratificado con el transcurrir de la primera mitad de la zafra. Fue el mismo Escalona quien asumió la culpa por sus encontronazos pasados con Bailey. Fueron los mismos jugadores de jerarquía quienes aseguraron no tener preferencia por un rol, pues tenían que jugar los mejores. Lo que parecía una dictadura terminó siendo un sistema de preferencia popular y Tiburones está viendo la recompensa.