lunes, 8 de febrero de 2016

Claro y simple: Bailey debe quedarse con Tiburones

El cambio fue muy grande, imposible decir lo contrario. 

De los Tiburones de La Guaira de Tony DeFrancesco en la 2013-2014, a los de Buddy Bailey en su primer año al mando en la 2014-2015 y a los de esta pasada temporada, con el mismo dirigente, pero ya en su segunda estadía frente al timón.

Los escualos de la 2015-2016 lucían como un equipo cuando menos finalista. En la cabeza de muchos, eran los grandes favoritos para disputar la instancia culminante con los Navegantes del Magallanes. El destino no lo quiso así y un séptimo juego frente a los Tigres de Aragua en la semifinal acabó con dichos pronósticos. 

Es lo duro de un juego siete, cualquier cosa puede pasar, es impredecible. Bonito, pero impredecible.

No obstante, eso no elimina la sensación que generó ese equipo de La Guaira desde temprano en la postemporada, quizás mucho antes de eso. 

Tiburones terminó primero en la etapa inicial del campeonato por varias razones: fue el equipo más balanceado, el más constante en su róster semana tras semana. Muy posiblemente no era el más talentoso o el de mayor jerarquía, pero sí el que mejor operaba con lo que tenía.

Nada de eso fue casualidad y la gerencia del equipo lo ratificó en varias ocasiones. Con la instalación de un nuevo formato en la liga, el alto mando de los salados, incluyendo a Bailey, ideó una estrategia que consistía justamente en enfocarse en cada fase; de hecho, el mandamás norteamericano llegó a llamarlas tres temporadas en una.

La primera fase o temporada, fue todo un éxito, a pesar de que posiblemente era la más complicada. Tenías que jugar tu mejor beisbol con una importación casi nueva en su totalidad, con piezas de poco renombre en general. Pero allí estuvo una de las claves, en la mejoría en el proceso de selección de peloteros foráneos, donde la directiva litoralense hizo enfásis durante aquella temporada muerta y donde Bailey finalmente pudo meter la mano.

La estrategia en la segunda mitad tenía como base la incorporación de varios de los principales grandeligas del equipo, pero luego de culminar primeros en la mitad inicial y garantizar desde temprano su presencia en enero, la gerencia escuala pudo alterar ligeramente su plan sobre la marcha: la idea seguía siendo incorporar a los ligamayoristas en algún punto, pero con el equipo ya en los playoffs, demorar un poco más sus incorporaciones, todo con la finalidad de que sus divisas en las Grandes Ligas vieran con mejores ojos la opción de dejarlos participar en la postemporada, pues tendrían menos juegos disputados y/o innings lanzados para ese entonces.

Bailey le dio descanso a sus principales miembros de la rotación, Junior Guerra y Alexis Candelario, por lapsos en la segunda parte, llegando incluso a sacarlos del róster a ambos una semana y enviarlos al bullpen posteriormente para reducir el trabajo de sus brazos.

El desempeño de La Guaira después del 15 de noviembre mermó, pero aunque su estratega fue claro en decir que la meta era terminar lo mejor parados posibles en la tabla general, para lo que necesitarían finalizar bien posicionados también en la fase complementaria, todo estaba en el plan, no había motivos para encender alarmas.

Luis Sardiñas, Odubel Herrera y Carlos Sánchez fueron incorporándose poco a poco con la llegada de diciembre y la estrategia de los salados cada vez lucía más lógica, el equipo cada vez se veía más completo.

Bailey dijo tras la eliminación del equipo que desconocía si volvería para una tercera zafra al mando / AVS Photo Report
Pero entonces llegó la tercera etapa, la de enero, la más importante, la que no te permite errores. Allí fue donde el río se salió de su cauce.

De forma sorpresiva, Guerra anunció que no iba a poder lanzar en los playoffs y poco después llegó la baja de Sánchez, quien también detuvo su participación antes de que iniciara la serie ante Caribes de Anzoátegui, la primera del conjunto en enero.

Sin embargo, por el momento y la forma en que ocurrió (tras una derrota ante los Tigres en el segundo de la semifinal, cuando la serie se movía a Maracay), es posible que ninguna de las bajas previas haya tenido tanto impacto como la de Herrera.

A estas alturas sigue y seguirá siendo una interrogante qué hubiese pasado con los Tiburones de no sufrir dichas bajas o cuando menos la última, pero el punto de este recordatorio es que la estrategia que tanto había ideado el alto mando del conjunto se descarriló en la recta final y Bailey no tuvo nada que ver.

Pero el norteamericano sí tuvo que ver en la estrategia que armó el equipo, sí tuvo que ver en la inmensa mejoría en la selección de importados, sí tuvo que ver en el balance de una tropa que ilusionó con poner punto final a una sequía de títulos que ya alcanzó los 30 años.

El nombre de Oswaldo Guillén, por su historia con la novena, por su peculiar forma de ser, por una carpeta de credenciales que tiene como chapa dorada un trofeo de Serie Mundial, se presenta como muy atractivo para dirigir a los Tiburones. Es casi imposible que un aficionado guairista no escuche con una sorisa en la cara los rumores que vinculan actualmente a Ozzie con el timón litoralense. 

Si esa es la dirección que decide tomar La Guaira para la 2016-2017, va a ser difícil criticarla.

Muchos peloteros han expresado su malestar en ser dirigidos por Bailey, esa es una carpeta de denuncias que data desde sus años con los Tigres, quizás desde mucho más atrás. Varios de esos peloteros citan la falta de comunicación del nativo de Pennsylvania como una de las razones para no quererlo.

No soy quién para poner en duda esa acusación, pero como un dato relacionado, me resulta curioso que un mánager con supuestos problemas de comunicación sea de los favoritos de la prensa justamente por su disponibilidad y fluidez a la hora de hablar.

Ramón Hernández, actual coach de banca del equipo, ha sonado como otra de las posibles opciones que puedan manejar en la directiva salada para el puesto de mánager en caso de no repetir a Bailey. El exreceptor no cuenta con la experiencia en dicho rol que sí posee Guillén, pero tomando en cuenta que estuvo día tras día junto a Bailey en cada compromiso de la 2015-2016, de cierta forma quizás hasta tenga más sentido su nombramiento si el deseo de la gerencia es, de una u otra manera, mantener la dirección actual.

"Quiero ayudar a los Tiburones así no vuelva" fue una de las últimas frases que salió de la boca de Bailey antes de abandonar la sala de prensa de la novena tras aquel séptimo juego en el Universitario. De su puño y letra, el todavía timonel del equipo para ese momento tenía pensado dejar una especie de carta con sus evaluaciones y recomendaciones sobre la escuadra y sus jugadores.

Así que sí, sería difícil criticar la elección de Guillén como nuevo mandamás de los Tiburones, pero que quede claro que tampoco resultaría imposible. No cuando la mejoría de un año a otro ha sido tan notable bajo el mando de Bailey.

"Quiero ayudar a Tiburones porque ellos confiaron en mí por un par de años". Esa frase de Bailey complementó la pasada y al mismo tiempo, dejó en evidencia su compromiso y cariño por el equipo.

Un compromiso y cariño que quizás sea mucho mayor que el de varios de sus jugadores, de esos que son más culpables que él de la eliminación de Tiburones.

jueves, 14 de enero de 2016

La Guaira está en riesgo y Odubel también

El calor de la postemporada puede hacer que muchas cosas ajenas, y no tan ajenas, a la misma pasen por debajo de la mesa. Qué el caso de Odubel Herrera no sea una de ellas.

Sí, la decisión del jardinero pone en cierto nivel de peligro la gran temporada que han tenido los Tiburones de La Guaira. Desde su llegada el pasado mes de diciembre, Herrera se estableció como el jardinero central y tercer bate en el orden de Buddy Bailey día tras día. Es imposible que la ausencia repentina de una pieza así no tenga un impacto en la cotidianidad de un equipo. Entonces, echas un ojo a la lista de posibles jugadores, ni siquiera exclusivamente de su posición, disponibles para reforzar y te das cuenta que es corta, para lo que representa una semifinal, quizás inexistente. Sí, la temporada de La Guaira está en peligro, nadie lo pone en duda.

Pero es allí cuando es importante profundizar en el asunto o cuando menos intentar hacerlo. Nunca estuve ni cerca de jugar beisbol profesional, así que no puedo ofrecer una óptica por ese lado. No estudié psicología, así que por allí tampoco van los tiros. Pero sí estuve día tras día en cada entrenamiento de los Tiburones en el parque Universitario esta temporada. Odubel llegó tarde cuando menos a dos. Quizás la cifra no es alarmante, pero sí es importante destacarla cuando entras en razón de que el tiempo de juego de Herrera no fue tan prolongado como el de la gran mayoría, la que estuvo allí sin falta a la hora requerida. Entonces, en medio de una semifinal que bien podría servir de camino para romper una sequía de 30 años sin título para Tiburones, ese mismo pelotero decide marcharse, con todo su derecho de hacerlo y se debe respetar, como bien dijo el gerente deportivo Jorge Velandia. ¿El problema ahora? Días antes se realizó un draft para que los equipos reforzaran sus debilidades rumbo a la semifinal y a Herrera se le pidió avisar con tiempo si participaría o no en la instancia para planificar bien la estrategia rumbo al sorteo. Junior Guerra llamó para avisar. Odubel no.

No hay nada que discutir en cuanto a su desempeño en el terreno. Me consta que Herrera corrió cada batazo al conectarlo, que hizo todo lo posible por jugar un jardín central sólido, aun cuando no es una de sus grandes cualidades. Odubel es un pelotero con gran potencial, que nuevamente demostró que esta liga, a sus 24 años, le queda pequeña. Pero justo allí está el detalle, en su juventud. La fama llegó temprano para este muchacho, que dejó en necesidad a Tiburones, pero aún más a su carrera.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Bailey: “Tiburones es víctima del éxito de sus jugadores"

La receta del éxito no es nada fácil de encontrar, ni siquiera para alguien con el recorrido de Welby “Buddy” Bailey, quien en su segunda campaña como dirigente de Tiburones de La Guaira asegura que el proceso para obtener la gloria máxima implica mucho más que el hecho de contar con las piezas correctas.

El norteamericano, quien dirige su temporada 14 en Venezuela, consiguió seis títulos con Tigres de Aragua en lo que describe como un esfuerzo de jugadores necesitados de trascender, mucho más que el triunfo deportivo.

En su intento por saborear las mieles del éxito nuevamente, ahora con el conjunto salado, Bailey comenzó a trabajar en aspectos que muchos podrían pensar que son responsabilidad de personas más arriba en el árbol jerárquico, todo con la intención de superar un nuevo reto profesional en un país que se ha convertido en su casa.

-Ya son 14 años desde su arribo al país. ¿Siente que la liga ha cambiado mucho desde aquel entonces?

-Creo que en general, algunos de los umpires han mejorado, aun cuando considero que todavía necesitan mejorar más. Creo que muchos de los estadios son mejores en cuanto al servicio a los peloteros, pero muchos todavía necesitan ofrecer más. Los fanáticos son más disciplinados, al principio lanzaban pirotecnia al terreno, saltaban y corrían en el mismo, le tiraban cosas a los oponentes. Siento que ahora es mucho mejor en ese aspecto también. Pero el juego como tal no ha cambiado, sigue siendo beisbol, no se ha modificado la distancia del montículo al plato o de una base a otra.

-¿Qué fue lo más difícil en el proceso de adaptación a Venezuela?
-Cuando vienes para acá y te educas de la cultura latina, no solo la venezolana, ves que son muy familiares, entonces te das cuenta que los peloteros no solo se hacen cargo de ellos, sino también de su hermano, tío, primo, de su familia extendida prácticamente. Además, la cultura latina es más extrema que la norteamericana en muchos sentidos. La música es mucho más fuerte, manejan los carros a la máxima velocidad posible, en los locales nocturnos las personas mueven hasta las uñas de los pies. Es más extrema, pero es solo cuestión de cultura.

-Después de tantos años al mando de Tigres, ¿cuál fue su reacción cuando terminó esa etapa?
-El equipo estaba en tercer lugar cuando lo dejé, lo que creo no es tan terrible considerando que clasificaban cinco. Creo que se trató de una situación política más que nada, pero de verdad no quiero entrar en lo que realmente siento, porque tengo una buena idea de que se trató de políticas.

-¿Cuáles fueron las claves del éxito con Tigres?
-En los Tigres pudimos hacer los cambios correctos en el momento correcto. Adquirimos a (Ramón) Castro, (Luis)_Maza, Ronny Cedeño y Luis Rodríguez, además de que tuvimos a unos cuantos jugadores que lo dejaban todo en el terreno y que por ser jugadores de bajo presupuesto, querían alcanzar los playoffs porque ese esfuerzo significaba más dinero para ellos y sus familias.

Bailey sustituyó a Tony DeFrancesco al mando de Tiburones / AVS Photo Report
-¿Qué fue lo más difícil en su primer año con Tiburones?
-Lo más difícil fue conocer a los jugadores, conocer ciertas personalidades. Creo que es importante ser un profesional en todo momento y algunos jugadores parecen tener problemas con eso. Ves a jugadores de otros equipos con cierta frecuencia, pero cuando los ves día a día realmente descubres lo que pueden y no pueden hacer, entonces es cuestión de unir el rompecabezas de acuerdo a las capacidades de cada uno del grupo.

-Cuando Tiburones quedó eliminado en el pasado round robin, ¿consideró que había fallado en su misión?
-No, creo que es parte del proceso que debe seguir el equipo. Quizás por el lento arranque que tuvimos al principio, fue una gran satisfacción llegar a los playoffs, pero los jugadores tienen que entender que llegar hasta los playoffs no es la meta final, es solo la primera. Algunos peloteros estaban contentos con el simple hecho de llegar hasta allí, pero como mánager siempre quieres alcanzar la final.

-¿Pensó en algún momento que no volvería con el equipo para esta temporada?
-No. Cuando se terminó la temporada pasada, Antonio (Herrera, vicepresidente) y yo hablamos rápidamente y acordamos, porque hacerlo temprano nos daba más tiempo para planificar lo que íbamos a hacer con los importados, los cambios y todo lo que necesitas para triunfar.

-¿Por qué considera que Tiburones tiene tantos años sin ganar un título?
-Algo que ha lastimado a esta organización es que algunos de sus jugadores clave han llegado a las Grandes Ligas. (Grégor) Blanco, (Luis) Sardiñas que no juega todo el tiempo, (Carlos) Sánchez que sube y baja, Héctor Sánchez, Francisco Rodríguez, (Salvador) Pérez y todos esos muchachos alcanzaron su meta personal de llegar a MLB y no participan mucho aquí. Entonces siempre estás en búsqueda de llenar esos espacios. El departamento de scouteo ha hecho un gran trabajo en ver talento en ellos, pero les ha ido tan bien que no los pueden mantener aquí por siete, diez años. En este momento la organización es víctima del éxito de los jugadores que firmaron originalmente.

-Siempre se ha conocido a Buddy Bailey por su disciplina y ética de trabajo, pero muchas veces eso ha generado problemas con sus mismos peloteros. ¿Por qué considera que ocurre eso?
-Creo que la mentalidad de algunos jugadores es simplemente venir a lanzar una pelota y recibir el pago, como algo recreacional y no, estas son las Grandes Ligas de Venezuela, tienes que ser lo mejor que puedas porque te están pagando para que tengas el mejor desempeño posible y los fanáticos también están pagando para ver lo mejor de ti en todos los estadios.

-Ha tenido mucho éxito en la LVBP y en las menores. ¿Cuál ha sido el obstáculo que ha impedido su llegada a las Grandes Ligas?
-Usualmente me siento y digo la verdad. No siempre le digo que sí a las personas que toman las decisiones, a muchos les gusta eso, pero yo no soy una persona de decir sí todo el tiempo. Probablemente esa es una de las razones por la que no he podido llegar a las mayores.

-¿Qué significado tiene Venezuela para Buddy Bailey?
-Obviamente significa bastante para mí. El clima es bueno. No me gusta el frío, quizás por unos días, pero no por mucho tiempo. Me he acostumbrado a la cultura, a la comida, a la gente. Soy de Virginia y pasó allí dos o tres semanas al año por el trabajo. Aquí es donde paso más tiempo, así que me siento en casa.

Bendición sobre dolor

Ante el poco tiempo que el trabajo le permite pasar con su familia, Bailey asegura que la distancia se acorta cuando cumples tus objetivos.

“Es difícil estar lejos de la familia, pero entienden que es como tener a alguien en el ejército, van a ir y venir. Entienden el beisbol porque he estado en esto mucho tiempo. No hay muchos trabajos de ligas invernales si lo piensas bien. Son de 25 a 30 cupos que tienes para dirigir y he sido afortunado de hacerlo por 13 años seguidos, cuando otros quisieran la oportunidad. Eso me motiva mucho”.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Dúo tiburón cruzó su camino en el Atlántico

La historia que ha escrito Alexis Candelario en su corta experiencia en Venezuela era difícil de visualizar, cuando menos para el ojo común.

Como un lanzador con un repertorio poco impresionante y con una trayectoria que incluía paradas recientes en ligas de baja tradición beisbolística como las de Nicaragua e Italia, el futuro de Candelario parecía destinado a ocultarse en las profundidades del océano Atlántico. No para César Suárez, sin embargo.

El “capitán” de los Tiburones de La Guaira, quien también hizo vida en la pelota italiana durante el verano, se atrevió a buscar algo que ninguna estadística o currículum iba a reflejar.

“Cuando uno tiene años en la liga, uno sabe quién puede ayudar a un equipo y quién no”, aseguró Suárez.

El criollo, quien defendió los colores del Bologna, chocó en la pasada final de la liga italiana con un Rimini que tenía entre sus filas a Candelario y algo le dijo a Suárez que el quisqueyano era el pitcher indicado para esta liga, aunque en un principio, no necesiaramente para los Tiburones.

“Cuando Candelario pitchó en contra de nosotros, la primera persona a la que llamé fue a mi papá, que es asesor de las Águilas del Zulia”, contó Suárez. “Lo hice porque cuando uno recomienda un lanzador a las Águilas es fácil salir bien parado, porque juegan en un estadio donde es difícil batear”, añadió el toletero.

Luego de que la gerencia rapaz mostrara interés en el serpentinero y quedara en llamar a Suárez para conocer más al respecto, el “Maracucho” tuvo una segunda oportunidad de ver lanzar a Candelario y sus planes tomaron un camino distinto. “Dije: ‘este como que no solo puede lanzar bien en Maracaibo, sino también en Caracas”, señaló el veterano. “Le dije a Jorge (Velandia, gerente deportivo de Tiburones) y a Antonio (Herrera, vicepresidente) y me dijeron que prepararían el contrato, sin ni siquiera verlo, solo basado en mi recomendación”.

Candelario, quien poco tiempo después pactó con la escuadra salada, se ha convertido en el mejor lanzador de la presente temporada criolla, en la que registra balance de 3-0 y una efectividad de 0.76 en ocho presentaciones, cinco de ellas como iniciador.

“Les dije que sería uno de los mejores pitchers de la primera mitad”, aseguró Suárez sobre su conversación con la gerencia salada. “No me dejó mal”.

Con respecto al factor que convenció al zuliano de que Candelario era el indicado, se trató de mucho más que su desempeño sobre el morrito.

“La actitud fue lo clave”, expresó Suárez. “Hay buenos brazos en todos lados, pero tipos como él no. Hay quienes solo vienen a hacer dinero, pero el también vino a ayudar”.

Asimismo, Suárez aseguró que el éxito de Candelario en Italia únicamente se veía detenido cuando el criollo entraba en el cajón de bateo.

“Creo que fui el único bateador de mi equipo que le dio más de un hit por juego”, señaló Suárez entre risas. “Perdió un par de encuentros debido a hits que le conecté y en el último que nos ganó me ponchó con dos en base en la final. Fue un turno muy bueno que llegó a cuenta de 3 y 2. Si es por turnos y hits, le bateé como .400 o .500. Me fue bien”.

martes, 17 de noviembre de 2015

Una imposición que se volvió voluntad

Cuando Buddy Bailey dirigió su primera práctica al mando de los Tiburones de La Guaira el 15 de septiembre del año pasado lo primero que hizo fue caminar hacia el centro del círculo formado por sus jugadores y manifestar su deseo de que cada uno de ellos llegara temprano día tras día. Las palabras del mandamás no eran sorpresa para nadie, su currículum de estratega disciplinado tenía años de referencias, pero cómo lo asumiría un clubhouse acostumbrado a otro gobierno era el principal punto de incertidumbre para muchos.

El nuevo régimen tomó tiempo en calar y cobró varias víctimas en su intento por hacerlo. Piezas como Jon Link y CJ Retherford aseguraron que nunca más jugarían para Bailey, citando su actitud como el motivo. Edgmer Escalona llegó a demostrar públicamente su descontento con algunas decisiones tomadas por el mandamás, y a pesar de que nunca se conocieron sus nombres, Link dio fe de que varios jugadores nativos del conjunto estaban molestos con el trato del norteamericano.

En medio de una temporada de adaptación para sus jugadores, Bailey continuó imponiendo su ideología, una que se basaba en disciplina dentro y fuera del terreno. De acuerdo con personas con conocimiento de la situación, el timonel colgó letreros en el clubhouse en los que prohibía escuchar música después de cierto horario y limitó las visitas de familiares y amigos de los jugadores antes de cada compromiso. En el campo, el plan de Bailey era encontrar el puesto indicado para cada pelotero, dejando a un lado jerarquías y limitando su método evaluativo exclusivamente al desempeño.

Cuando los escualos iniciaron sus entrenamientos de pretemporada el pasado 19 de septiembre se respiraban aires de cambio, algo que ha quedado ratificado con el transcurrir de la primera mitad de la zafra. Fue el mismo Escalona quien asumió la culpa por sus encontronazos pasados con Bailey. Fueron los mismos jugadores de jerarquía quienes aseguraron no tener preferencia por un rol, pues tenían que jugar los mejores. Lo que parecía una dictadura terminó siendo un sistema de preferencia popular y Tiburones está viendo la recompensa.

viernes, 23 de octubre de 2015

La excepción

Por muchas razones, esta entrada del blog es una completa anomalía para lo que ha sido "Recta de Cuatro Costuras" desde su creación. Por lo corto del titular, por el hecho de que trata de los Tiburones de La Guaira, porque simplemente no tiene nada que ver con Billy Beane y su gente.

Hoy, de eso se trata, de una anomalía.

Esta vez no necesitaré revisar algún dato en internet, ni tampoco recurrir a alguna cita recogida por alguien más. Esta vez son mis ojos y juicio a los únicos a quien debo el crédito, porque en esta ocasión estuve allí para presenciar esa anomalía, esa excepción, durante cada minuto de las más de cinco horas que duró.

Buddy Bailey ha sido, es y será siempre uno de los más grandes dirigentes que haya tomado riendas de un equipo en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional y nada de lo que escriba en este artículo lo cambiará. Tampoco es mi intención.

Como aficionado al beisbol, escuché y leí por años sobre cómo Bailey había sido capaz de cambiar por completo el rostro de unos Tigres de Aragua que por 27 años previos a su llegada olvidaron el sabor de la victoria. Me cansé de ver por televisión, escuchar por radio y leer en la prensa cómo su gran ética de trabajo y disciplina habían jugado un papel fundamental en los seis títulos a los que condujo a los bengalíes en sus doce temporadas al mando.

Como casi periodista que ya soy, he tenido el placer de cubrir a los Tiburones de La Guaira día a día, juego a juego, desde su arribo al timón escualo en la 2014-2015. En pocas palabras, ya no soy yo quien escucha de otros acerca de esa impresionante ética de trabajo, son otros quienes la leen y escuchan de mí.

Nada de lo que me habían contado era falso o exagerado. Buddy Bailey brinda la disciplina y rutina de trabajo necesaria para llevar a un equipo de beisbol al máximo nivel. La ética laboral de este señor es tal, que su impresionante conocimiento del juego, su increíble capacidad para detectar hasta el más mínimo detalle de cada duelo y de cada jugador y su respeto por el contrario suelen pasar por debajo de la mesa cuando se discute sobre sus principales cualidades.

En mi segunda temporada cubriendo a los Tiburones, puedo decir que el norteamericano jamás me ha negado una entrevista. Gane o pierda su equipo, en el juego más grandioso o bochornoso del mismo, Bailey siempre ha dado la cara, y lo ha hecho para decir las cosas necesarias, sin rodeos. Si algo necesita ser ajustado, te dice que lo hará, y en la noche siguiente ves que no te mintió.

Es por eso que cuando Miguel Rojas sentenció el largo y acontecido encuentro del pasado jueves ante los Navegantes del Magallanes con una línea remolcadora de dos en el décimo capítulo, misma que dejó tendidos a los turcos aún cuando el desempeño de ambas novenas en la jornada había dejado mucho que desear, sabía que Bailey iba estar allí cuando bajaramos a la conferencia de prensa y sabía que tendría algo que decir.

Bailey está en su segunda zafra al mando de Tiburones / Edixon Gámez
 Días atrás, ante los constantes problemas que había presentado el bullpen de los litoralenses, especialmente a la hora de lanzar strikes, Bailey señaló que había llegado el momento de los jóvenes brazos que contaban con poco uso en la temporada para ese entonces. De su boca se pudo escuchar los nombres de Javier Palacios y Alvin Herrera entre los candidatos a recibir la oportunidad de sacar la cara por el relevo salado, luego de que piezas veteranas como Rafael Cova y Stephen Shackleford fracasaran en las primeras de cambio.

 "Todo se reducirá a algo tan simple como: lanzas strikes o lo verás desde la banca. No voy a sentarme aquí media temporada como el año pasado antes de hacer cambios", fueron las palabras exactas del mandamás.

Entonces, allí estábamos para el primer desafío entre salados y turcos en la 2015-2016, luego de otro buen desempeño de un miembro de la rotación de los Tiburones, en esta oportunidad William Cuevas, quien lanzó cinco entradas y un tercio de cinco hits y un par de carreras. Para el momento en que el derecho abandonó el compromiso, La Guaira lideraba el marcador 4 carreras por 2.

El primer brazo en llegar del bullpen fue Juan González, un lanzador que si bien no era Palacios o Herrera como había mencionado Bailey, tampoco tenía carga pendiente de la temporada, pues dicha noche marcó su estreno en la 2015-2016. Además, el "Gato" venía de un sólido año en los Estados Unidos, donde dejó efectividad de 1.62 en 44 presentaciones. Nada que discutir allí, como tampoco lo hubo con los siguientes cuatro serpentineros en desfilar hacia la loma escuala.

Antonio Noguera es un zurdo que encaja en el renglón de "jóvenes", Cody Satterwhite no permitió carreras en sus primeros tres innings y dos tercios de la campaña, Sergio Escalona había sido descrito por Bailey como su mejor pitcher en el juego anterior y Henry Rodríguez, a pesar de tolerar dos rayitas y otorgar un par de boletos el jueves, venía con credenciales de cuatro episodios en blanco con ocho ponches.

Después de allí, la historia cambió drásticamente.

Con un out en el octavo acto, las bases llenas y Tiburones arriba por un par de rayitas, Bailey decidió traer a uno de los lanzadores más veteranos con los que cuentan los salados, Enrique González, quien tenía previsto trabajar temprano en los juegos, de acuerdo a lo dicho por el mismo timonel días atrás. Rápidamente, "Fresita" regaló un par de boletos, todo mientras mostraba claras señales de intentar poner la bola franca sobre el plato.

El siguiente movimiento de Bailey no fue menos sorpresivo.

Usualmente un estratega fiel al librito que dice "derecho ante derecho y zurdo ante zurdo", Bailey llamó desde el bullpen al siniestro Joseph Ortiz (otro veterano) para medirse al diestro Abel Nieves con las bases repletas. A su séptimo pitcheo de la noche, Ortiz permitió un imparable remolcador de dos que igualó el marcador y, seguidamente, un rodado de Ryan Cordell que puso arriba al Magallanes.

Cova, otro brazo experimentado y quien llegó a la jornada como uno de los líderes en pasaportes otorgados por parte del equipo, fue la apuesta del mánager norteamericano en el noveno acto, mismo que el derecho consiguió retirar por la vía rápida.

La ofensiva salada logró igualar nuevamente el desafío en la parte baja del noveno, tramo que también contó con su dosis de polémica luego de que Bailey decidiera llamar a batear al zurdo Raúl Padrón desde la banca por el ambidiestro Reegie Corona con hombres en tercera y segunda ante el también lanzador diestro Hassan Pena, dejando abierta la posibilidad de que el cubano boleara a Padrón para medirse a uno de su misma mano en Miguel Rojas. El torpedero escualo conectó un machucón que bien pudo haber terminado el compromiso, pero la pifia del antesalista Nieves le permitió a Tiburones llevar el duelo a entradas extras.

Para el décimo, Bailey decidió apostar nuevamente por Cova.

En esta ocasión, el diestro escualo no fue tan efectivo y terminó con tres boletos, un tiro erróneo a la inicial, un wild pitch, un imparable y dos carreras en su cuenta, antes de que uno de los tres brazos jóvenes esperados a lanzar, Edioglis Villasmil, ingresara al morrito.

En un sube y baja de emociones para los presentes en el Universitario, Tiburones consiguió llevarse la victoria gracias al imparable remolcador de Rojas con dos outs en la parte baja del capítulo. Palacios y Herrera nunca llegaron a lanzar, aún cuando el mismo Bailey ratificó post-partido que ambos estaban disponibles y que el llamado a protagonizar de los brazos jóvenes del bullpen se mantenía como su propuesta.

Cuando escuché a Bailey decir tras el compromiso del pasado 14 de octubre ante los Leones del Caracas, mismo que La Guaira perdió tras permitir siete carreras en el noveno inning, que los cambios no iban a esperar más, jamás me imaginé que la semana siguiente estaría en la misma sala de prensa, básicamente escuchándolo repetir lo mismo, solo que esta vez con menos palabras.

Otra frase reciente que utilizó Bailey fue: "Un equipo que pretende pelear, no puede jugar así", pero para que un cambio de esa magnitud ocurra, alguien tiene que mover las piezas, y para mi sorpresa, el norteamericano no lo hizo como previsto esa noche. Una excepción.

Traer a Palacios y/o Herrera no era garantía de un mejor funcionamiento; de hecho, bien pudo generar uno peor, pero por primera vez desde que recibí la responsabilidad de cubrir a este equipo, Bailey se contradijo, jugó a todo menos a lo que dijo que jugaría.

No soy quien para criticar a un seis veces campeón, a quien sigue siendo uno de los mejores dirigentes de la liga ante mis ojos, pero la motivación para escribir este texto salió del desarrollo de un compromiso que marcó un antes y un después en lo personal, una sorpresa de grandes magnitudes. Como un castillo de naipes que se iba desplomando frente a quien no debía desplomarse o como una tormenta que te agarró dos veces desprotegido.

Los cambios vienen, Bailey volvió a asegurarlo y difícilmente un compromiso como el del jueves volverá a repetirse para los escualos, cuando menos con los mismos protagonistas y cuando menos mientras el norteamericano esté a cargo.

Pero en caso de que lo haga, sé con seguridad que allí estará él para dar las explicaciones, aunque realmente no tenga por qué.

Allí no habrá excepción.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Hora de un nuevo cambio en Oakland y todo empieza con Sonny Gray

Un solo hombre no hace montaña, pero vaya que puede agrupar las piezas para intentarlo.

Leer la palabra "cambio" junto al nombre de Sonny Gray en el titular puede levantar muchas miradas de alarma entre los aficionados de los Atléticos, pero este artículo tiene como objetivo proponer todo lo contrario. De hecho, la fórmula de este cambio exige al derecho con el uniforme verde y amarillo.

Luego de otro proceso drástico en la pasada temporada muerta, misma en la que el gerente general Billy Beane decidió canjear a varias de las figuras principales del equipo en los tres años previos de postemporada, como lo fueron Josh Donaldson, Brandon Moss y Derek Norris, 2015 trajo consigo recuerdos poco gratos para los californianos, unos que involucraban las oscuridades de la división Oeste de la Liga Americana.

A lo largo de los años, y basándose en gran parte en su esperanza de armar un equipo competitivo para cuando el mismo consiga un nuevo estadio, Beane ha sostenido que es complicado construir a un jugador franquicia dentro de su organización. 

La pregunta que hoy muchos nos hacemos es: ¿por qué exactamente?

En esta nota nadie pretende cambiar la filosofía de trabajo de Beane y su gente. De hecho, a pesar de ser ampliamente reconocido por aplicar aquel sistema llamado "Moneyball", no está de más recordar que el mismo nunca habría surgido, cuando menos no a tal magnitud, si el ejecutivo trabajara para una organización con mejores ingresos económicos.

En pocas palabras, "Moneyball" fue una medida que Beane se vio prácticamente obligado a tomar para mantener su trabajo. "Hacer mucho con poco" era una filosofía necesaria para una novena de bajo presupuesto y lo sigue siendo.

Pero, ¿la creación de un jugador franquicia realmente altera dicha filosofía?

Ahí es donde entra la palabra "cambio" y ahí es donde entra Sonny Gray.

Gray se ha convertido en uno de los mejores lanzadores del beisbol / USA TODAY SPORTS
No, un jugador franquicia no es garantía de éxito. En el beisbol y en la vida, nada lo es. Pero contar con una figura emblemática dentro del conjunto, un personaje al que los nuevos jugadores puedan acudir ante cualquier inquietud, alguien con quien la fanaticada pueda identificarse año tras año, ese pelotero al que el mismo mánager pueda llamar a reunión para solicitar su opinión antes de tomar alguna decisión relevante, un líder que despliegue orden y respeto con simplemente entrar al clubhouse, solo puede acercar más a un equipo a la meta.

Difícilmente sea coincidencia que los últimos conjuntos campeones mundiales han tenido entre sus filas a ese jugador diferente, esa figura cuyo nombre destaca sobre el resto. Buster Posey con los Gigantes, David Ortiz con los Medias Rojas, Yadier Molina con los Cardenales, Derek Jeter con los Yankees y Jimmy Rollins con los Phillies, todos comandaron el desempeño de sus respectivas novenas rumbo al preciado anillo.

Posiblemente lo más cercano que han tenido los A's a tal jugador durante la era de Beane como gerente general fue Eric Chávez, quien defendió la tercera base del conjunto constantemente desde 1999 y hasta 2006, período en el que Oakland consiguió avanzar a la postemporada en cinco oportunidades.

De acuerdo, construir a un eventual jugador franquicia no es tarea sencilla, pero ese es un paso que los Atléticos ya tienen bien avanzado.

Desde su llegada a las mayores a mediados de la campaña 2013, Gray ha dado señales de ser el hombre indicado para la asignación. Ese mismo año, con apenas 64 entradas de labor en el máximo escenario dentro de su currículum, el diestro se enfrascó en un par de batallas con el estelar de los Tigres, Justin Verlander, en la Serie Divisional, duelos en los que dejó a su divisa en posición de ganar.

Entonces, en su primera zafra completa en las Grandes Ligas el año pasado, Gray ratificó ser el nuevo astro del pitcheo californiano, al recibir con 24 años de edad su primera asignación de Día Inaugural, registrar un balance de 14-10 con una efectividad de 3.08 en sus 33 aperturas y cerrar su actuación en dicha temporada con un blanqueo de nueve entradas ante los Rangers en el último día de la ronda regular.

Este año, Sonny únicamente ha argumentado más su caso, al contar con récord de 13-7 y una efectividad de 2.28 que al momento de redactar esta nota era la más baja de toda la liga, colocando al oriundo de Nashville como uno de los principales candidatos a llevarse el premio Cy Young del joven circuito.

Sonny es el hombre.

La espera por el equipo competitivo con el que Beane desea contar cuando la novena finalmente pueda mudarse a un nuevo estadio es entendible, pero la constante renovación de jugadores a costa de cada pieza de renombre que surge dentro de la misma no tanto.

Los Rays atraviesan por el mismo problema que los Atléticos. La divisa tiene deseos de mudarse y está a la espera de que la oficina de las Grandes Ligas y el comité evaluativo con el que cuenta la misma finalmente consiga el visto bueno para iniciar el proceso y coopere con el mismo. Tampa Bay, al igual que Oakland, es un conjunto con poco presupuesto y con una baja asistencia de público a su recinto cada temporada, pero eso no impidió que el alto mando del conjunto firmara a Evan Longoria a un contraro multimillonario que bien podría mantener al antesalista entre sus filas hasta la temporada de 2023.

Si los Rays consiguen mudarse en los próximos años, su directiva quiso asegurarse de que su jugador emblema estuviera presente para ese nuevo inicio. La reconstrucción de Tampa Bay como equipo no se ha detenido, simplemente se realiza alrededor de Longoria.

Ambos conjuntos necesitan mudarse, porque sus respectivos estadios ya no están a la altura del escenario ligamayorista y eso no ayuda a traer gente a los recintos; sin embargo, mientras el problema se soluciona, los aficionados de los Rays saben qué jersey comprar en la tienda rumbo a cada temporada, saben qué jugador estará allí con seguridad al inicio y final de cada campaña, saben quién los representa.

Comprar una jersey de los Atléticos con nombre y número en el dorsal ha probado ser una pérdida de tiempo para los aficionados del equipo en los últimos años y si no pregunténselo a los cientos que aún deben tener en su armario piezas de Gio González, Yoenis Céspedes y/o Donaldson.

Gray es todo lo que un jugador franquicia debe ser y es por ello que el telefóno de Beane no parará de sonar con otros gerentes generales preguntando por la disponibilidad del diestro durante la venidera temporada muerta. Es entonces cuando Beane debe hacer el cambio y estampar la etiqueta de "intocable" en la frente del lanzador, no como una medida para aumentar su valor en el mercado, sino como una medida para ayudar a su equipo a futuro.

El deseo de mudarse de estadio debe permanecer dentro de los Atléticos, pero también Sonny Gray.