sábado, 25 de marzo de 2017

Cafecito: "Es la mejor noticia desde tener a mi hijo en las manos"

Una de las frases motivacionales más comunes entre peloteros suele ser esa que reza "el trabajo duro siempre da sus frutos". A veces la cosecha puede tardar más de la cuenta, pero siempre hay recompensa.

La carrera de José Alberto Martínez es prueba de muchas cosas, entre ellas la veracidad de tal afirmación.

Después de una década entre granjas de las menores y ligas independientes, el venezolano recibió el llamado de los St. Louis Cardinals para debutar en las mayores el pasado mes de septiembre. El viernes, en medio de un tórrido spring training, apenas su segundo en un complejo ligamayorista, Martínez fue llamado a la oficina del mánager para recibir una noticia soñada: estará en el roster de los pájaros rojos para el día inaugural, su primero en MLB.

"Es la mejor noticia desde tener a mi hijo en las manos", señaló Martínez vía telefónica. "Gracias a Dios se dio todo. Ha sido mucho esfuerzo y varias cosas que se han presentado en el camino, pero seguimos optimistas y el trabajo duro paga. En estos últimos dos, tres años estoy viendo los resultados".

El guardabosques fue catalogado por su mánager como uno de los MVPs del equipo en esta primavera / St. Louis Post-Dispatch
Si bien llegó a la primavera con una opción remota de hacer el equipo, el varguense ligaba para .378 tras la jornada del viernes y registraba 13 remolcadas y cuatro vuelacercas, ambos topes en su divisa.

"Era algo que quería mucho", continuó Martínez, a quien se le hizo difícil comparar dicha noticia con la recibida en septiembre sobre su ascenso. "Ambas fueron tremendas. Llena bastante porque me considero una persona que ha trabajado por lo suyo y fui por encima de todo lo que han dicho y de las personas que trataron  de bloquear mi carrera. Eso fue lo que más me ayudó y me dio fuerzas para seguir batallando. Las dos han sido muy especiales y así será para el resto de mi vida", añadió.

No obstante, la lucha aún es joven.

"Esto no quiere decir que ya me gané estar en MLB por mucho tiempo. Ahora toca seguir adelante. No se ha terminado el trabajo", aseguró el hijo del expelotero Carlos "Café" Martínez.

Su madre, la señora Evelyn, también está al tanto de que la batalla continúa, pero con la pista de obstáculos que ha tenido que superar José Alberto para ganarse este boleto rumbo al Busch Stadium para el próximo 2 de abril, es inevitable mirar atrás y sonreír.

"Estoy sumamente orgullosa y muy feliz por este gran logro de mi hijo. Él mismo me llamó para darme la agradable noticia", señaló la emocionada madre del otro lado del teléfono, antes de recordar parte de la odisea vivida previamente. "Aunque gracias a Dios tuve la oportunidad de viajar y estar con él, lo más difícil fueron sus cuatro operaciones de rodilla en las que no lo pude acompañar y todas esas puertas que se le cerraron a pesar de que hacía un muy buen trabajo".

Ahora, entre tantas alegrías, ¿de qué está más orgullosa la señora Evelyn?

"De que a pesar de eso jamás se rindió y siguió adelante, con mi apoyo y el de toda la familia. Hoy recoge sus frutos", indicó.

Después de todo, esa frase de "recoger frutos" no es solo común entre peloteros.

martes, 7 de marzo de 2017

Cristóbal Colón: "Quiero convertir a Tiburones en un equipo ganador"

Cristóbal Colón manejaba por una autopista de Florida el martes con un solo deseo en mente: "Ya quiero que comience el campeonato".

No se trataba de la temporada de las Grandes Ligas, ni tampoco la de ligas menores o la de algún circuito independiente de los Estados Unidos. Colón se refería a la campaña 2017-2018 de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, esa en la que se ensució el uniforme por 21 años.

Colón, quien se retiró como pelotero activo en la 2006-2007, fue nombrado oficialmente como gerente deportivo de los Tiburones de La Guaira el martes; o lo que es lo mismo para el exinfielder: recibió la oportunidad de regresar a la divisa con la que pasó los últimos nueve años de su carrera.

"Estoy feliz por la oportunidad", aseguró Colón del otro lado del teléfono. "Son muchos sentimientos, estoy muy emocionado. Soy oriundo de Vargas, sé lo que sufre el fanático. Voy a darlo todo por ver de nuevo esa sonrisa de la afición".

Colón tomará el puesto que hasta la semana pasada le pertenecía a Jorge Velandia, quien a su vez fue promovido al cargo de director general y seguirá como la principal autoridad del área deportiva del club.

No obstante, es posible que la mayor carga de trabajo recaiga sobre los hombros de Colón, pues la responsabilidad de Velandia con los Phillies de Philadelphia, novena en la que ahora funge como asesor al gerente general, es una de las razones principales por las que el conjunto escualo decidió buscar ayuda adicional.

"Velandia ha hecho una muy buena labor, pero con su trabajo con Philadelphia tiene muchas limitaciones", comentó Colón, quien aseguró que la oferta para unirse a la directiva salada se había estado cocinando por un tiempo. "Desde que me retiré el alto mando del equipo me ha tratado muy bien y me han ofrecido trabajo desde hace años, pero las cosas no se habían concretado. En algunas oportunidades incluso les mandaba reportes de scouteo gratis. Al finalizar la temporada pasada me dijeron para reunirnos y me ofrecieron el puesto".

Francisco Arocha (presidente de Tiburones), Cristóbal Colón y Antonio Herrera (vicepresidente) / Prensa Tiburones
En sus nueve campañas con los litoralenses, Colón dejó promedio de .275 con 114 remolcadas y 13 cuadrangulares. Antes de ello, el nativo de La Guaira disputó 12 zafras con las Águilas del Zulia. 

Para este nuevo cargo, o "nuevo reto en mi vida", como él mismo lo pone, Colón sabe que esa experiencia como pelotero será clave en la búsqueda del triunfo.

"Gané tres campeonatos, fui a cuatro finales, gané la Serie del Caribe en 1989. Eso es experiencia", señaló Colón, quien aseguró que en todos estos años desde su retiro no ha sido ajeno al beisbol. "Siempre he estado pendiente. No he perdido el seguimiento del beisbol. Tuve 11 años trabajando como agente. Me conoce desde Miguel Cabrera hasta Gleyber Torres".

Colón también reconoció que en el proceso de selección del nuevo gerente deportivo el alto mando escualo tuvo muy presente la opinión de Oswaldo Guillén, quien parece destinado a repetir como dirigente del equipo en la venidera temporada, a pesar de que aún no hay un anuncio oficial.

"La directiva tenía algo de temor de cómo lo iba a tomar Ozzie, pero les dije que no iba a haber problemas porque nosotros hasta jugamos juntos", indicó Colón. "Ozzie me recibió con mucho cariño. Es alguien a quien le gustan las cosas muy ordenadas, ir al grano. Es muy amigo mío. Creo que será un buen equipo de trabajo".

Un equipo de trabajo que desde ya comenzó el proceso de intentar construir el mejor conjunto posible para la venidera temporada.

"Estoy seguro de que va a haber comunicación total. Veo a Ozzie más involucrado este año, quedó con esa espinita, como decimos nosotros", continuó Colón. "También tenemos a un grupo joven y bastante interesante en la directiva, con algunos años de experiencia. Vamos a tomar decisiones todos".

Al final del día, el objetivo en común es el mismo: terminar con una sequía de títulos de Tiburones que ya alcanzó los 31 años. Para ello, Colón tiene algunas ideas, aunque no esconde que el plan estratégico está lejos de completarse todavía.

"El beisbol ha cambiado mucho. Hay que estar pendiente de muchas cosas, me estoy informando", indicó el exjugador. "Pero lo primero que hay que hacer es engranar al equipo, olvidarnos de eso de "este es el año", de si el viento está a favor. Tiene que haber compromiso de los peloteros y de todos en la organización. Quiero convertir a Tiburones en un equipo ganador".

Como pelotero, Colón experimentó ese éxito, y al igual que lo hicieron los Cubs en la pasada Serie Mundial, el nuevo directivo salado sabe que los triunfos se gozan aún más cuando tienen tiempo sin llegar.

"Los peloteros deben saber que siempre se les va a recordar por terminar esa sequía".

sábado, 3 de diciembre de 2016

Ni en aires de nupcias Stassi olvida a Tiburones

El recuerdo de Brock Stassi sigue más que presente en el Parque de la Ciudad Universitaria antes, durante y después de cada juego de los Tiburones. La marca dejada por el norteamericano en la organización guairista y su afición, apenas en poco más de un mes de relación, difícilmente será borrada.

Pero la fórmula sentimental para que cualquier relación funcione siempre ha sido muy clara: el cariño tiene que ser mutuo, y del lado salado pueden estar seguros de que son correspondidos. 

Con casi toda seguridad, Stassi pasó la noche del viernes y la mañana del sábado entre un torrencial de emociones y el típico ajetreo digno de quien está a tan solo algunas horas de cambiar su vida por completo. Aún así, el inicialista, cuya boda estaba prevista para este 3 de diciembre, se tomó el tiempo para conversar del que bien podría describirse como otro de sus amores, uno con el que quizás todavía no hay planes de matrimonio, pero con el que sí tuvo varias citas exitosas.

Los Tiburones de La Guaira.

"Amé mi tiempo con ellos", señaló Stassi, quien disputó su último juego con el equipo el pasado 16 de noviembre para poder viajar a los Estados Unidos y alistarse para el gran día con su pareja.

Stassi se estableció como un pilar en el corazón ofensivo de La Guaira / LVBP.com
Y "amar" parece ser el verbo correcto, especialmente cuando en una mañana sabatina donde el oriundo de California debía dedicar su foco absoluto a trajes, invitados y preparativos, recuerdos de su último día en Venezuela se colaban de pronto.

"Fue después de que nos informaran que el juego había sido pospuesto por lluvia", comentó Stassi sobre la reunión convocada por Oswaldo Guillén, mánager del conjunto, el pasado 17 de noviembre, cuando tenía pautado disputarse un enfrentamiento ante los Tigres en el José Pérez Colmenares de Maracay. "Ozzie le informó a todos que me iba y me agradeció por la forma en que me desempeñé. Fue un momento muy especial y algo que nunca olvidaré".

Posiblemente será algo que el mandamás escualo también dejará grabado en su memoria.

"Nunca antes había hecho un meeting para despedir a un jugador", aseguró Guillén al día siguiente. "Pero este muchacho fue especial. Se ganó sus reales bien aquí. Es un ejemplo para todos los jugadores que vienen a jugar en esta liga".

En sus 32 juegos con el uniforme litoralense, Stassi sacudió para promedio de .297 con 22 remolcadas y seis cuadrangulares, al mismo tiempo en que jugó una sólida defensa en el primer cojín. A pesar de que ya han pasado más de dos semanas desde su partida, "Mr. Brock", como fue apodado en el coso de Los Chaguaramos, llegó a la jornada de este sábado ubicado entre los cinco mejores en algunos de los principales departamentos ofensivos del club; de hecho, todavía comandaba el de jonrones, anotadas (24) y boletos (31).

Stassi, cuya primera experiencia en la LVBP con Leones fue breve, pero también exitosa, aseguró que lo vivido con Tiburones esta temporada fue distinto, aunque tuvo problemas para explicar por qué.

"Mi experiencia el año pasado fue muy buena, pero cada equipo en el que he estado es distinto", comentó el paleador, quien ligó para .304 en sus 13 duelos con los melenudos en la ronda regular anterior. "Pero no sé realmente cómo explicar ahorita en qué fue diferente. Todos los muchachos en el clubhouse de Leones me recibieron muy bien y todavía tengo a muchos amigos que juegan para ese equipo".

Sin embargo, Stassi parece haber encontrado una casa invernal por muchos años en Tiburones, una donde seguramente también será bienvenida la nueva "Mrs. Brock".

Por eso, y muchas cosas más, en plena apertura de un nuevo capítulo de su vida, Stassi se niega a cerrar por completo el de Tiburones y la 2016-2017.

"Hay un chance", indicó el primera base sobre la posibilidad de volver a uniformarse con los salados a finales de este mes o en unos eventuales playoffs. "No estoy seguro de qué tan grande sea ese chance en este momento, pero lo hay".

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Unión de sangre, pasión de Tiburón

Con sus codos apoyados sobre la baranda del dugout escualo y un puro entre sus dedos, Oswaldo Guillén Jr. admiraba la práctica de los Tiburones el pasado viernes. Un par de metros a su derecha, su hermano Oney, recostado sobre la misma barda, conversaba con viejos amigos como Wander Pérez y Johnny Celis, sonrisas iban y venían.

Ninguno parecía prestar mucha atención a los jardines, donde Ozney, el menor de los tres hermanos, buscaba elevados que viajaran a su territorio en la práctica de bateo. Quizás era un intento de no añadir presión a sus hombros, quizás simplemente no era el momento; después de todo, el pequeño de los Guillén tendría toda su atención una vez que se escuchara la voz de “play ball”.

Con sus tres hijos repartidos en el terreno, Ozzie dirigía su entrenamiento con normalidad, como si fuese cualquier otro día; solo que no lo era y la indiferencia que reflejaba su rostro fue pronto opacada por sus palabras.

“Creo que el hombre más feliz que hay en Venezuela soy yo”, señaló el dirigente escualo, cuyas declaraciones parecían indicar que por momentos había abandonado dicho rol para así enfocarse en el de padre orgulloso. “O por lo menos lo fui anoche cuando vi a mis tres hijos. Son pocas las veces que estamos los cuatro juntos, por muchas razones”.

Con escasas horas en el país, Oswaldo Jr. y Oney también mostraban una actitud de “no se trata de la gran cosa”, hasta que llegó el momento de hablar. De tal palo tal astilla, dirían por allí.

“Es una cosa bonita. Tenemos la oportunidad de estar en Venezuela en familia”, señaló Oswaldo Jr., el mayor de los hijos del mandamás. “Y además, el orgullo de ver a mi papá dirigir a Ozney…es algo que quizás nunca se repita”.

Si alguien sabe lo difícil que puede ser coincidir con tu padre en tu terreno como jugador-mánager es Oney, quien años atrás intentó uniformarse con La Guaira, a pesar de que Ozzie no estaba ni cerca de ser el timonel en aquel entonces.

“Estaba listo para debutar con el equipo grande, recuerdo que me habían puesto de fecha el 27 de diciembre, y entonces me lesioné uno de mis cuádriceps”, recordó Oney de aquella experiencia en la Liga Paralela, misma que hoy le permite aconsejar a su hermano. “Lo que le dije a Ozney es que apreciara lo que iba a vivir, que no llegara con la mente cerrada. Digan lo que digan, vas a sentir presión porque viene con el apellido, pero es parte de la vida y le dije que pasara lo que pasara su familia lo iba a apoyar. Uno no le pidió nada de esto a Dios. Por ser hijo de Oswaldo la gente lo va a pitar más posiblemente, pero lo mismo le pasa a ‘Cafecito’ (José Martínez, hijo de Carlos ‘Café’)”.

La preocupación de Oney por la comodidad de su hermano fue tal que llegó a conversar con varios de sus excompañeros y amigos en un intento por hacer más sencillo el camino.

“Todos los compañeros que tiene mi hermano ahorita fueron mis compañeros también o roommates como ‘Cafecito’, Gregory Infante, Celis, Wander Pérez, amigos míos a los que les pedí que lo cuidaran para que estuviera bien”, contó Oney. “Pero gracias a Dios ha encajado, tiene su respeto. A veces es una situación complicada por quién es nuestro papá, pero creo que Ozney lo ha manejado muy bien”.

Es una preocupación que compartía Oswaldo Jr., quien hoy también se enorgullece al ver cómo Ozney se ha comportado a la altura de la situación.

“Lo que ha hecho en la Liga Independiente, lo difícil que se le ha hecho recibir una oportunidad, tener el chance de venir a Venezuela, hacer el equipo a pesar de que se recuperaba de una lesión, debutar y hacerlo de la forma en que lo hizo”, señaló Oswaldo Jr. sobre Ozney, quien se estrenó con imparable en su primer turno el pasado 8 de noviembre. “Ser el hijo de Oswaldo no lo ha hecho más fácil, además está en un beisbol de un nivel bien alto. Verlo jugar tan cómodo como lo ha hecho, estoy muy orgulloso de él”.

Oswaldo Jr., Ozney, Ozzie y Oney se reencontraron en la UCV / Andrés Espinoza
Dicho aplomo mostrado por Ozney, ese que tanto elogian sus hermanos, es posiblemente una de las claves para su buen desempeño en el terreno hasta los momentos, aunque el margen aún sea pequeño. Tras sus primeros ocho turnos en el circuito, el jardinero de 24 años de edad acumuló promedio de .500 con un doble, una anotada y otra remolcada.

“Siento admiración, respeto, orgullo de que haya podido cumplir una meta y que no solo esté aquí por ser el hijo de Ozzie Guillén, sino porque se ha ganado su puesto”, continuó Oney. “Cuando le han dado la oportunidad le ha ido bien y tiene el respeto de sus compañeros que es lo más importante. A mí me hubiese encantado poder jugar con el equipo grande. Que Ozney pueda hacerlo es increíble y hasta celoso estoy”, añadió entre risas.

Pero la experiencia que les está regalando el beisbol y Tiburones a los Guillén es demasiado especial como para pasar mucho tiempo conversando de números o de un desempeño en el terreno. Tanto Oswaldo Jr., como Oney, tienen sus vidas hechas en la ciudad de Chicago y pronto partirán de regreso.

“Oswaldito está casado y cuando uno está casado la mujer es la que manda, aunque los hombres digan que no”, señaló Ozzie con una sonrisa. “Le dieron permiso para que viniera por una semana y la mamá está gozando”.

Una mamá, la señora Ibis, quien estuvo presente en el estreno de Ozney y que guardó la pelota de su primer hit, no sin antes mostrarla orgullosamente desde su asiento.

“Mi mamá no era tan fanática cuando estaba jugando mi papá, pero ahora con Ozney, por ser su hijo, lo vive todo con más intensidad. Creo que son cosas de la vida que debes compartir. Piensas que vas a vivir este momento por siempre, pero es algo que quizás no ves nunca más. Es algo escrito en la historia”, expresó Oswaldo Jr.

A pesar de su venidera partida a los Estados Unidos, los dos mayores de los Guillén no ignoran un posible regreso a Venezuela, ni tampoco un futuro ligado a Tiburones.

“En este momento no es una meta porque no estoy trabajando en el beisbol ahorita”, comentó Oswaldo Jr. sobre la posibilidad de formar parte de la directiva escuala en algún punto. “Estoy terminando una maestría y trabajo en el mundo de las finanzas en Estados Unidos, pero uno de mis mejores amigos es Jorge Velandia, gerente del equipo, así que quizás en un futuro cuando el momento sea correcto. Aquí no es nada fácil ser gerente, lo sé muy bien porque mi amigo (Luis) Amaro es directivo de las Águilas. Obviamente también me tendría que mudar a Venezuela y hablarlo con mi esposa, pero me encantaría. Si volviera a trabajar con un equipo de beisbol, la primera opción sería Tiburones, una divisa que quiero tanto y a la que le debemos tanto”.

Oney, por su parte, admitió que ya ha comenzado a pavimentar ese camino.

“Mi hermano (Oswaldo Jr.) y yo somos parte de la directiva de Tiburones, lo que pasa es que no nos pagan”, indicó Oney antes de mostrar una sonrisa. “Cuando la gerencia del equipo va a Chicago nos reunimos. Estemos donde estemos siempre andamos pendientes de Tiburones. Es algo que nos nace, que nos importa, que nos duele”.

En cuanto a la experiencia familiar fuera del coso de Los Chaguaramos, Ozzie tiene sus críticas.

“Lo único malo de que estén mis tres hijos aquí es que lo único que se habla es de pelota”, comentó el dirigente campeón de la Serie Mundial en 2005. “Y Oswaldito que también habla de política. Han sido unas conversaciones pésimas en las últimas horas”.

Los hermanos Guillén se declaran culpables.

“Mi mamá nos pidió la otra vez que cambiáramos el tema del beisbol porque estábamos en familia”, contó Oswaldo Jr. “Hablamos de cómo va a jugar Ozney, de que tampoco lo puede jugar mucho y quitarle oportunidades a otros. En fin, con amantes del beisbol como mi hermano Oney y como yo son cosas que siempre se van a hablar. El beisbol siempre será parte de lo que todos hacemos, siempre estará en la conversación, pero también es bonito estar aquí y compartir con toda la familia. Es gracias a los Tiburones que estamos haciendo todo esto”.

¿La mejor parte para los Guillén? Esta temporada quizás haya sido solo el comienzo de una experiencia que se haga rutina a final de cada año.

“No creo que esto sea cosa de un año”, señaló Oney con respecto al cargo de su padre como mánager salado. “Siempre que mi papá esté feliz, y créanme que lo está en este momento, nosotros también lo estaremos. Las cosas han marchado muy bien y todo ha sido positivo”.

De este primer capítulo en la pelota venezolana para los Guillén, el final de película no está garantizado, pero mucho menos descartado.

“Ojalá el equipo siga ganando, lleguemos a enero y haya un trofeo para que la fiesta sea más grande. Es una cosa que la pones casi allí con ganar una Serie Mundial. Si convives con mi papá todos los días y sabes lo que piensa, está muy agradecido con el equipo y la gerencia, quiere darles ese título. ¿Qué más le hace falta a Oswaldo Guillén? Como pelotero, coach y mánager habrá cumplido todas sus metas y nosotros felices. Sería algo muy bonito”, cerró Oney.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Siguiente en fila: Tiburones se impulsa de los Cubs

Piénselo un momento.

Parte baja del décimo inning, con Tiburones arriba ocho carreras por siete en el séptimo juego de la gran final ante las Águilas. Con el empate en primera y el zurdo Wander Pérez en la loma, José Pirela conecta un rodado manso que obliga al antesalista a atacar la pelota.

Con una sonrisa en su rostro mientras recoge la bola, tal como la mostrada por Kris Bryant el pasado 2 de noviembre en el Progessive Field, Alberto González hace la jugada de rutina y dispara a la inicial para completar el out más importante en la historia de su organización. Allí, sobre la primera base, Brock Stassi recibe la pelota en su mascotín y levanta los brazos en señal de victoria, de alivio, de satisfacción.

La maldición terminó, y es hora de celebrar.

Sí, estos primeros párrafos intentaron recrear lo ocurrido en el último juego de la Serie Mundial 2016 entre los Chicago Cubs y los Cleveland Indians, solo que esta vez ajustándolo a la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, y a su principal afectado por la sequía: los Tiburones de La Guaira.

No tiene que ocurrir de la misma manera; de hecho, quizás los escualos puedan ir un poco más allá y agregar lo único que hubiese hecho la celebración de los oseznos aún más emotiva: el factor localía, conseguirlo en casa, frente a su afición.

Por otro lado, tampoco tiene que ocurrir...en lo absoluto.

Pero la idea era imaginar ese último out que tanto esperan en la divisa salada, esa euforia que únicamente viene ligada con las palabras "por fin".

Tras el triunfo de los dirigidos por Joe Maddon en el pasado Clásico de Otoño, muchos aseguran que los de Ozzie Guillén son los siguientes en la fila para cortar maleficios. Algunos lo dicen de broma, otros no tanto.

"Creo que si pasó con los Cachorros, puede pasar con los Tiburones de La Guaira", señaló recientemente el lanzador escualo Edgmer Escalona. "Nada es imposible".

Escalona tuvo que retrasar su estreno este año por una lesión en el antebrazo derecho / El-Nacional.com
La "motivación"  generada por el triunfo de los Cubs que muchos utilizan como burla hacia el aficionado guairista, realmente ha tenido su efecto en el clubhouse del equipo, o cuando menos en parte de él.

"Creo que sí nos motiva", añadió Escalona. "A cualquier equipo le entra adrenalina al ver ese juego, cómo esa gente estaba abajo 3-1 (en la serie) y pudieron quedar campeones. ¿Por qué no La Guaira?".

Si bien la maldición en la parte norte de Chicago se extendió por 108 años, 78 más que lo que ha durado el maleficio litoralense, no es tan descabellado comparar un caso con el otro por el simple hecho de que la temporada en la pelota venezolana es mucho más corta que la de Grandes Ligas, donde la cantidad de equipos en competencia también es mucho mayor.

En pocas palabras, y aunque el término "fácil" no encaja en ningún deporte, la lógica dicta que ganar un título en las mayores es mucho más complejo que en cualquier liga invernal.

"A pesar de tantas cosas que hemos tenido, tantas oportunidades perdidas para ganar el campeonato, con la unión que tenemos y la experiencia de Ozzie, esta temporada se puede romper la maldición", continuó Escalona, quien espera incorporarse al róster salado a finales de este mes o comienzos del otro. "Tenemos tremendo equipo con muchos grandeligas como 'Cafecito' (José Martínez) que llegó este año, (Jorge) Alfaro, (José) Gil, (José) Castillo, Miguel Rojas y muchos otros que no he mencionado".

Peloteros que podrían convertirse en las versiones criollas de Addison Russell, Anthony Rizzo, Dexter Fowler, Ben Zobrist y Javier Báez.

"No hay mañana después de mañana. Si pierdes te vas a casa, si ganas eres un héroe", fue la frase que utilizó Rizzo previo a ese séptimo juego en Cleveland.

Para los Tiburones todavía hay un mañana, ganen o pierdan hoy; pero irse a casa sin un trofeo este año no parece ser opción, no cuando desde Chicago les afirman que hay luz al salir del Boquerón.

viernes, 20 de mayo de 2016

El momento en que todo cambió para Junior Guerra

No era difícil entender la sorpresa de la gente. 

En apenas una de sus seis temporadas en la pelota local para ese entonces, Junior Guerra había podido registrar una efectividad por debajo de los cinco puntos. Cuatro años habían transcurrido desde aquella excepción.

¿Por qué entonces? ¿por qué Buddy Bailey le entregó la pelota a un lanzador ajeno al éxito en la liga para iniciar el juego inaugural de los Tiburones ese 9 de octubre de 2014?

El juego era ante la siempre temida ofensiva de Caribes y en el llamado "Coors Field" venezolano, el Alfonso "Chico" Carrasquel de Puerto La Cruz.

¿Por qué no uno de los tres importados que el equipo había traído para abrir juegos? ¿por qué no J.C. Sulbarán? ¿Buddy Baumann? ¿Jake Thompson?

"Buddy Bailey siendo Buddy Bailey", decían algunos. 

Quizás haya sido así. Quizás Bailey pronosticó lo que nadie más pudo.

Cinco innings y un tercio de dos hits y ninguna carrera limpia, con un boleto y cinco ponches. Esa fue la línea final de Guerra esa noche oriental.

Esa noche donde todo cambió para él.

"Es la oportunidad que estaba esperando", comentó el derecho vía telefónica esta semana.

Guerra terminó esa temporada con seis victorias (nunca antes había conseguido más de una por campaña) en 15 aperturas (nunca había abierto más de cuatro encuentros en una misma zafra) y con una efectividad de 3.46. Curiosamente, la misma que había registrado en esa campaña de "excepción" cuatro años atrás.

El derecho de San Félix ponchó a 82 contrarios en sus 78 innings de la 2014-2015. Nunca antes había recetado a más de 25 en un mismo año.

Terminó tercero en la votación al Pitcher del Año.

Una nueva oportunidad. Era todo lo que pedía.

"Mi carrera se ha caracterizado por oportunidades", recordó Guerra, quien había lanzado en la liga italiana unos meses atrás. "Nunca he sido una superestrella".

El junio siguiente, los White Sox le dieron la oportunidad más grande de todas, la que más había esperado, la que parecía tan lejana cuando firmó inicialmente como recepor, o cuando fue suspendido por violar el programa antidopaje de MLB, o cuando lanzaba serpentinas en Nicaragua. Después de tanto tiempo, a sus 30 años de edad, a Guerra finalmente le abrieron las puertas de las Grandes Ligas.

Junior apareció en tres encuentros con los patiblancos ese año, todos en papel de relevista, y dejó una efectividad de 6.75 en cuatro entradas sobre el morrito.

El 7 de octubre, mismo día en que realizó su segunda apertura en día inaugural con los Tiburones, fue reclamado en waivers por los Brewers.

Guerra respondió una vez más a la confianza de Bailey. En 12 presentaciones en la 2015-2016, 10 de ellas como abridor, el veterano registró efectividad de 2.86 en 56 entradas y dos tercios de labor. Ganó cuatro juegos.

El criollo tuvo que detener su participación con los escualos antes de que iniciara la postemporada y la noticia fue recibida como un dardo al pecho del conjunto y su fanaticada. 

¿Quién lo diría? La ausencia de Junior Guerra estaba marcando una gran diferencia para La Guaira.

Algunas semanas después, el diestro arribó en el campamento grande de Milwaukee, pero su efectividad de 7.94 en cuatro presentaciones no ayudó a su causa y fue enviado al Triple A Colorado Springs, donde inició la presente temporada.

Cuatro aperturas más tarde, una nueva oportunidad llegó.

Los Brewers decidieron subirlo al equipo grande y le entregaron la pelota para iniciar el juego del 3 de mayo ante los Angels. Ya Guerra no era solo un lanzador grandeliga, ahora era un abridor grandelgia.

Guerra lanzando en el Great American Ball Park ante los Rojos en su segunda apertura / Getty Images
Sus primeras dos salidas fueron casi idénticas. Seis entradas de cuatro carreras permitidas. Nada extraordinario, pero nada horrible tampoco.

A la tercera Guerra volvió a completar seis capítulos, pero esta vez sin carreras permitidas y con apenas dos hits a su nombre.

En la cuarta, el derecho captó la atención de todo el mundo beisbolístico. Con su hija y esposa presentes en el Miller Park, observándolo lanzar en un montículo de Grandes Ligas por primera vez, Junior trabajó siete episodios completos de cinco hits y tres carreras. Su línea final marcó 11 ponches.

Su rival, por cierto, eran los Chicago Cubs, el equpo con mejor registro en todo el beisbol.

"He demostrado que sí puedo lanzar a este nivel. Solo necesito la oportunidad y justo esa ha sido mi lucha siempre, por alguien que me brinde esa oportunidad", aseguró.

Como aquella que recibió en Puerto La Cruz, cuando nadie creía en él, cuando nadie entendía su presencia en la lomita.

"Esa oportunidad significó un giro en mi carrera", explicó Guerra. "Tengo que darle las gracias a los Tiburones por ese chance".

Oportunidad. Eso fue esa noche oriental para Guerra.

Una oportunidad que, una vez más, cambió el rumbo de una travesía beisbolera que finalmente parece haber llegado al destino soñado.

jueves, 12 de mayo de 2016

"Thor" y "Big Sexy" ratifican que la Liga Nacional está bien como está

Si los Azulejos de Toronto no hubiesen cambiado a Noah Syndergaard a los Mets de Nueva York en diciembre de 2012, uno de los grandes momentos de la presente campaña jamás habría ocurrido.

Si Bartolo Colón siguiera en Oakland, serían dos los acontecimientos evaporados.

Y si la Liga Nacional adoptara la regla del bateador designado, tal como muchos han propuesto y continúan proponiendo, el mundo del beisbol tendría que privarse de momentos únicos para siempre.

El pasado sábado 7 de mayo, Colón ganó su tercer juego de la presente campaña gracias a su cuarta apertura de calidad en el año y segunda de forma consecutiva; sin embargo, al final de dicho duelo ante los Padres de San Diego, absolutamente nadie estaba hablando de su trabajo en la loma. El quisqueyano lanzó 62 de sus 86 pitcheos en strike y dejó su efectividad en 2.82 tras dicha salida, pero nadie hablaba de eso, no era lo más llamativo.

En el segundo inning, Colón hizo uno de sus muy característicos y poco ortodoxos swings ante el tercer pitcheo que vio por parte de James Shields. La bola viajó lejos, mucho más de lo que cualquiera de los presentes pudo imaginar. Por primera vez en la carrera de Bartolo, el final del recorrido para una de sus conexiones no fue un guante, tampoco la tierra o grama. La bola terminó en los bleachers del Petco Park, entre varios aficionados.

Fue un jonrón. El jonrón.

El año pasado Colón tuvo cuatro empujadas, su tope en una campaña / AP
 La conexión de largometraje del robusto Colón fue la primera en su carrera en las Grandes Ligas y lo convirtió en el jugador de mayor edad (42 años y 349 días en ese momento) en la historia en conectar su primer bambinazo.

A raíz del cuadrangular hubo una explosión en las redes sociales. Comentarios, fotos, videos, memes. Bartolo Colón estaba por todo el internet, y con él, el beisbol, que cuando menos por algunas horas, regresó al pedestal que muchos dicen ha perdido.

Entonces, cuatro días después, cuando la imagen de Colón corriendo las bases todavía era común en los diversos timelines de Twitter, Syndergaard le dio otro zarpazo a la propuesta que le quita el bate de las manos a los lanzadores del viejo circuito.

El rubio de los neoyorquinos se fue dos veces para la calle en el Dodger Stadium y se convirtió en el primer serpentinero con más de un cuandragular en un mismo encuentro en nueve años. Ese día Syndergaard lanzó ocho innings de dos carreras y terminó con cuatro fletadas a su nombre.

Noah Syndergaard 4 - Dodgers 3.

No es tan descabellado decirlo.

Una vez más, el tema en las redes sociales eran los batazos de los lanzadores de los Mets. Porque nadie se había olvidado aún de Bartolo, ni siquiera el mismo Syndergaard.

"Esta noche fue el resultado directo de Bartolo inspirándome a ser un hombre mejor #SuTroteFueMejor"

Había sarcasmo en el escrito de Syndergaard, aunque nadie puede asegurar que tampoco exista algo de verdad. En fin, lo importante es que el beisbol volvió a ser importante, cuando menos en el internet.

En los últimos siete juegos de los metropolitanos tras ese desafío multijonrón de Noah, los lanzadores del equipo registraron un promedio de .333 (15-6) con dos dobles, tres vuelacercas, cuatro anotadas y otras siete remolcadas. 

Nada mal para unos bates de periódico mojado, que fue como Max Scherzer calificó el año pasado a los lanzadores bateando.

Los Mets ratificaron lo que Madison Bumgarner ha intentado demostrar por un buen tiempo: la Liga Nacional está bien como está, sin bateador designado.

Sí, entrar en el cajón de bateo aumenta el riesgo de que los pitchers puedan lesionarse, pero lo curioso es que usualmente ese argumento viene de la misma gente que asegura que están dañando el beisbol, haciéndolo más "suave", con las reglas de las colisiones en el plato y del deslizamiento en segunda. Desde mi punto de vista, esto sería más leña para esa fogata.

Los pitchers no son el out que regala la liga, cuando menos no siempre. El mejor lanzador del beisbol, Clayton Kershaw, bien puede dar fe de ello; después de todo, dos veces ha sido víctima de jonrones de Bumgarner, quien, por cierto, se convirtió en abril en el único jugador con más de un cuadrangular ante el zurdo de los Dodgers desde el comienzo de la campaña pasada. No lo pudo hacer Bryce Harper ni Andrew McCutchen, tampoco Paul Goldschmidt o Nolan Arenado. Lo hizo Bumgarner, un pitcher.

Más allá de los factores tradición y estrategia, la regla del bateador designado no debe llegar a la Liga Nacional porque nos privará de momentos como los que se vivieron en Petco Park y Dodger Stadium. Porque nos privará de otra forma de disfrutar este juego.

En cuestión de días, los Mets ratificaron que el beisbol no necesita más ofensiva, sino más momentos a lo "Big Sexy" y "Thor".